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Actualizado hace 28 minutos

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Opinión
06:02 AM / 12/09/2017
Viendo llover sobre Maracaibo
Ylich Carvajal Centeno Periodista ylichcarvajal@gmail.com
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Que mientras caía un aguacero sobre Maracaibo el viernes pasado yo leyera El año de la muerte de Ricardo Reis, justo las primeras páginas, cuando José Saramago hacer llover copiosamente sobre Lisboa, fue una mera casualidad. Tan azarosa como la creación de Irma y su paso por el Caribe, que aunque propia de la temporada de huracanes, nadie podía imaginar que su larga cola en tirabuzón alcanzaría a inundar la Tierra del Sol Amada. 


Fue también vianda de las probabilidades que todo eso ocurriera justo cuando Maracaibo cumplía 488 años de fundada, contando desde el 8 de septiembre de 1529, año del Señor, en que el adelantado Ambrosio Alfinger, en un mismo día, de un sólo plumazo –o habría que decir de un sólo espadazo o sablazo- fundó la Villa de Altagracia y la de Maracaibo.

 
¿Cómo sería aquel acto mediante el cual fue fundada la ciudad? En qué lengua habló Ambrosio ¿en el germano de la Edad Media, en Latín o en el Castellano del Lazarillo de Tormes cambiando “eses” por “erres”, más gutural y menos seseo? ¿Estaría sólo con sus hordas en la orilla o con qué cara lo mirarían desde sus chalanas y palafitos los habitantes del Coquivacoa? ¿Habrá llovido ese 8 de septiembre? Quizás un trueno estruendoso como esos que se dejaron oír el viernes pasado no dejó oír sus dislates, todo aquello de “en nombre de Dios y de su majestad serenísima”, y un relámpago hijo del Catatumbo infinito opacó el brillo de su espada cuando la blandió por los aires para erigirse como amo y señor de un mundo que no sólo le era nuevo sino también ajeno.


Son todas casualidades de la vida que un huracán pasara por el Caribe, que Maracaibo celebrara su cumpleaños con el agua a las rodillas y que yo leyera a Saramago, quien parece tener en la lluvia una de sus metáforas predilectas. Llueve cuando Ricardo Reis desembarca en Lisboa inundada. Llueve torrencialmente justo antes de que los ciegos de Ensayo sobre la ceguera recuperen la vista y por un sonoro diluvio en Ensayo sobre la lucidez son declaradas no válidas las elecciones en aquella ciudad que habiendo padecido la ceguera blanca decide votar mayoritariamente en blanco cuando se repiten los comicios.


Maracaibo siempre se inunda, como periodista de esta ciudad les digo que esa es la noticia más recurrente en cuanto periódico han sido desde el Fonógrafo para acá. Hará ya unos 20 años, en el desaparecido diario La Columna, consciente de lo “calichoso” que resultaba escribir sobre las cañadas desbordadas y las calles y avenidas anegadas, se me ocurrió titular la nota de rigor así: Maracaibo nunca se llamará Moisés y duele que la noticia, tratándose de la lluvia, aún siga siendo la misma.


Fundada a la orilla de un lago, surcada de oeste a este por cañadas que son sus desagües naturales, vecina de ríos que fueron navegables y que junto al Coquivacoa conformaban un sistema de comunicación lacustre fluvial quizás único en el planeta, Maracaibo debería ser la reina de las aguas. El reservorio de agua dulce más importante del continente después del Amazonas y el Guaraní.


¿Será que los maracaiberos tenemos una ceguera blanca, como los habitantes de la ciudad de Saramago, que ni el chubasco más apretado es capaz de sanar? ¿Será que esa ceguera blanca no nos deja ver el lago y al no poder verlo a él que es nuestro padre y nuestro espejo no podemos vernos a nosotros mismos y terminamos dando tumbos?

Uno lee PANORAMA en estos días y no puede evitar la terrible sensación de que la ciudad está siendo desvalijada. Ayer fueron los cables de teléfonos y del alumbrado público, las estatuas de próceres y poetas teniendo el mismo destino que las tapas metálicas de las bocas de visita y las rejillas de las alcantarillas, los semáforos, los árboles, las paradas de autobuses, los buses mismo, incluso, las puertas de los edificios viejos de la plaza Baralt ¿Mañana que irán a desvalijar?
La Maracaibo Inmensa de Simón García está hoy más vigente que nunca, sobre todo su última estrofa: “Maracaibo no permitas / Se repita la indecencia  / Que te ha hecho estremecer / Los cobardes que aún te acogotan / Que te chupan y te explotan / Deben desaparecer”. Pero para que eso sea realmente posible tenemos que cantar de corazón la primera: “Maracaibo yo te quiero / Y te entrego con orgullo / Todito mi corazón / De mis hijos vos sois la esperanza / El futuro la bonanza / Que es mi más grande ilusión”.

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