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Actualizado hace 27 minutos

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Opinión
06:08 AM / 13/09/2017
Traiciones necesarias, artículo de Juan Guerrero
Juan Guerrero /articulista @camilodeasis
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Desde hace años estoy vinculado a los afectos cubanos. De esa gente que debió partir apurada por las persecuciones ideológicas de una revolución despótica, y también por el hambre y las enfermedades.

   Visitando a una de esas familias de la diáspora cubana escuché cierta vez que muchas personas que decidían partir eran tratadas con desprecio, tanto por el Estado comunista como por sus propios vecinos. Les llamaban Actos de Repudio. Los colocaban en una tarima y seguidamente, les hacían una especie de juicio sumario. Después les inventaban historias para condenarles públicamente al escarnio. Muchas veces les escupían y les tiraban objetos o les maltrataban físicamente.
   Escuchar esas historias y comenzar a verlas transitar por estos parajes venezolanos es sentir que otra vez la rueda del destino, del desprecio se sigue repitiendo. Como en la Alemania nacionalsocialista, o las condenas a los desiertos siberianos en la Unión soviética, o en la época de la Revolución cultural china.
   Mi refugio siguen siendo, entonces, los libros. Y encuentro en George Steiner (París. 1929) una razón para comprender esa malévola mentalidad del poder, cuando se sabe totalitario y militarista.
   El profesor Steiner, de manera clara y demoledora, indica que son estos regímenes los primeros en utilizar la “bestialidad de la mentira” para condenar a todo opositor a la humillación y el dolor.
   Vivimos días terribles, ciertamente. No parece existir salida, al menos en los próximos meses (por no decir años) a esta dantesca prisión de la llamada Venezuela del Socialismo Siglo XXI. Y en verdad que el liderazgo político opositor parece que en eso ayuda bastante.
   La complejidad de la crisis venezolana es demasiado abrumadora para entenderla. Más cuando diariamente existe una poderosa maquinaria de propaganda estadal que banaliza la realidad hasta caer en el ridículo de líderes que actúan, según libretos preestablecidos. 
      Por eso será que ahora inventaron unas elecciones regionales. Quizá sea para distraer con circo a la muchedumbre ruinosa, hambrienta y embrutecida. Y para que los dirigentes opositores también se distraigan de lo esencial: la falta de alimentos, medicinas, inseguridad y libertad de los presos políticos.
   Estas cuatro cuestiones son la razón política que el grueso de la sociedad venezolana reclama a diario.    Debemos aprender de nuestros errores y dar gracias a quienes fueron sus actores, por mostrarlos.   Venezuela ha sido territorio de capataces y becerreros transformados, ya en el siglo XX, en modernos militares. Gente que siempre ha sabido estar en y con el poder. Y ese será el mayor reto de las nuevas generaciones de civilistas que puedan liderar la nación: detener el avance del militarismo y regresarlos a los cuarteles, de donde nunca debieron salir.

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