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Opinión
06:44 AM / 07/12/2018
Tiempos de cambio: ¿Votar o botar el voto?
Vladimir Villegas Periodista

No es coherente reivindicar el voto solo en los municipios donde se tienen alcaldes. ¿Entonces la política para aquellos municipios donde el alcalde es oficialista es la de dejar al electorado sin opciones, sin poder elegir siquiera un solo concejal?.

El próximo domingo tendrán lugar las elecciones para escoger concejales en todo el territorio nacional y, por los vientos que soplan, habrá un altísimo porcentaje de abstención, producto de diversos factores, uno de ellos de carácter histórico, porque los comicios municipales siempre han generado muy poco interés en el electorado. Y el otro tiene que ver con el claro deterioro de la vía electoral en Venezuela, gracias a la conjunción entre las políticas que promueve el gobierno para estimular la abstención y las que la mayoría de la oposición ha asumido en la misma dirección.

Es lógico que un gobierno con altísimos niveles de rechazo promueva la abstención. Es la única vía para garantizar con una probabilidad casi cercana al cien por ciento sus triunfos en las elecciones que convoque el Poder Electoral , hoy bajo estricto control político por parte del oficialismo. La angustia del gobierno frente a cualquier elección es directamente proporcional al nivel de participación. Por eso se explica que cuando sus niveles de apoyo descienden dramáticamente o se suspende la elección prevista o se hace todo lo que esté a su alcance para desestimular el voto opositor .

Lo que no tiene lógica es la incoherencia en la línea política opositora frente al tema de la participación electoral. Un sector no mayoritario de la oposición ha optado por participar en todas y cada una de las elecciones. Otro sector definitivamente ve cerrada la ruta electoral y, sin mayores disimulos, le coloca también numerosos obstáculos, con lo cual a la larga, queriéndolo o no, termina favoreciendo el objetivo política electoral del gobierno. La política se mide por resultados. No por otra cosa .

Pero un tercer sector opositor, que a simple vista agrupa la mayoría de los factores, no termina de definir su posición ,y por eso hay muchas incoherencias en su accionar.
 Por ejemplo, de cara a estas elecciones municipales respalda,como quien no quiere la cosa , la política de los alcaldes opositores, quienes ha decidido postular candidatos a las elecciones de concejales, con el objeto de impedir que el oficialismo gane los escaños de concejales en esos municipios y logre a la postre designar nuevos alcaldes con esa mayoría . Salvar el municipio es la consigna principal. Y es políticamente correcta. Pero deja ver las costuras de la incoherencia .

No es coherente reivindicar el voto solo en los municipios donde se tienen alcaldes. ¿Entonces la política para aquellos municipios donde el alcalde es oficialista es la de dejar al electorado sin opciones, sin poder elegir siquiera un solo concejal? ¿Es tan baja la autoestima político electoral de este sector ? ¿O es que sigue siendo rehén de los factores extremistas que a punta de chantajes políticos le imponen una línea que es la que durante varias oportunidades se ha traducido en estruendosos fracasos para la oposición?

Este doble mensaje de votar aquí pero no votar allá genera confusión y siembra desesperanza, porque busca preservar espacios donde se es gobierno pero a la vez renuncia a la representación que seguramente se obtendría en caso de promover una política coherente que contribuya a algo que es esencial en estos días, el rescate de la ruta electoral, algo que el gobierno viene bloqueando con el apoyo ¿involuntario? De factores extremistas.

No soy optimista con respecto a lo que ocurra el domingo. Seguramente será un día electoralmente desolado. No obstante, iré a votar, no renunciaré a mi derecho de expresar mi opinión a través del voto. Mas allá del resultado de esos comicios, una inaplazable tarea democrática en estos tiempos es el rescate de la ruta electoral. Seguramente no podrá ser emprendida con éxito hasta tanto la mayoría de las fuerzas opositoras no lo asuman con el coraje político que se requiere para dejar de lado líneas y acciones que hasta ahora han resultado en una sumatoria de fracasos.

Pero el rescate de la ruta electoral no es una tarea sencilla. Estamos sumergidos en medio de un clima de decepción, desesperanza y desconfianza hacia el liderazgo político, lo cual se traduce en un aparente y circunstancial fortalecimiento de posturas extremas que vienen ofreciendo desde hace tiempo soluciones "fast track " que ni se han concretado ni van a concretarse .

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