Publicidad

Actualizado hace 13 minutos

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Opinión
06:12 AM / 10/08/2017
Signos distintivos dictatoriales
Oscar Morales / Articulista omoralesrodriguez@gmail.com
0

Ayer, hoy y mañana, el dictador siempre será esa persona que se sostiene por la fuerza represora y se adueña de todos los poderes del Estado. Sencillamente, es aquella persona que le repugna las limitaciones y se envilece con el término autoridad. Para él, los sistemas valorativos juegan a su favor sin cortapisas y su estilo de consciencia es irrebatible.
 Los métodos democráticos no le satisface sus deseos de omnipotencia, la discrecionalidad le aburre y no le interesa validar su conducta con principios morales y éticos.
 A todas luces, le asquea la relación entre iguales y mantiene un temperamento impredecible. Persiste en el empeño de convertir sus fantasías individuales en alucinaciones colectivas donde el odio es su fuente de razonamiento. 
Le interesa muy poco como le califiquen, dado que su alimento natural es el poder y con el no escucha ni ve. Su objetivo es mantener un Estado hipertrofiado y caprichoso en todos los ámbitos, bajo un constante abuso de las leyes y todo lo concerniente al sistema de justicia. 
En pocas palabras, al personaje dictatorial le da alergia las restricciones jurídicas o las regulaciones comunes del Estado, y solamente tolera el control si lo ejecuta él contra los ciudadanos. Su virtud es mantenerse en el poder reduciendo las libertades de los ciudadanos. 
Muchas veces sus decisiones están amparadas con supremacía divina y jamás cree que su poderío tenga fecha de vencimiento. 
Sus dominantes de comportamiento son casos psiquiátricos especiales porque es curioso como sus mecanismos psíquicos los empujan a actuar con tanta intolerancia y odio. Su lente óptico percibe al contrario como enemigo a exterminar y su frase favorita es “el fin justifica los medios”.
A pesar que ha perdido lustre las ideas absolutistas, por este lado del mundo unos pocos continúan creyendo que la pretensión de dominación total puede germinar sin consecuencias. Han olvidado que el poder terrenal es fugaz aunque se intente teñir con palabras de trascendencia. Ignoran que las sociedades, de la misma forma en la cual se acostumbran a ciertos hábitos, también tienen fuerza para quebrar tradiciones, y más aún, si lo que se transa es la libertad, puesto que su valor es condición esencial de la humanidad no permutable. 
Su memoria no les alcanza para recordar el desenlace de los dictadores en la historia universal.
¿Por qué no ahorramos en conflictos y consensuamos si inevitablemente se impondrá el 80% (o más) del país que opina que Venezuela va mal o muy mal? ¿Será que apuestan a que ese porcentaje se adapte a la crueldad y el salvajismo para quedarse ad infinitum? Y la pregunta más temerosa: ¿Podremos habituarnos a la ferocidad y el primitivismo?
En honor a la verdad, pocas veces la barbarie triunfa, pero si lo hace, se naturaliza y se queda por muchos, muchos y muchos años.

¿Te gustó la nota?
Publicidad
0
TOP 5 DE NOTICIAS
Publicidad
0Comentarios
AVANCES
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
TOP 5 DE NOTICIAS