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Actualizado hace 67 minutos

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Opinión
06:36 AM / 10/08/2018
¡Queremos soluciones!, por: Antonio Pérez Esclarín
     Por: Antonio Pérez Esclarín (pesclarin@gmail.com)         @pesclarin      www.antonioperezesclarin.com
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La supuesta Revolución Bonita ha dejado al país tan feo y  destruido,  que millones huyen de él como de una peste.  Venezuela luce  sucia, saqueada,  destrozada. Las políticas de inclusión han resultado mecanismos eficaces para excluir a  los que no quieren doblegarse.  La retórica anticorrupción sólo sirvió para alimentar las conductas inmorales y convertirnos en uno de los países más corruptos del mundo.  La Revolución del Amor sembró la división y el odio y  terminó por  convertirnos en uno de los países más  inseguros del mundo, donde impera la violencia, la inseguridad, la impunidad.  De lo único que no hay inflación en  Venezuela es del valor de la vida  que cada día vale menos. Se puede matar por un celular, por un paquete de harina, por un pollo. La propuesta  del hombre nuevo  ha multiplicado los pranes, los delincuentes, los especuladores, los bachaqueros, los colectivos y grupos guerrilleros y  paramilitares, que se han adueñado de nuestras fronteras y actúan con total impunidad.  

 

Las  expropiaciones en pro de la productividad y la soberanía alimentaria nos trajeron colas, escasez, desabastecimiento y hambre.   ¿Dónde quedaron las empresas estatizadas,  los fundos zamoranos, los gallineros verticales, las areperas socialistas, los huertos hidropónicos, la ruta de la empanada, las cooperativas productivas, el bolívar fuerte? ¿Quién va a responder por los miles de millones que se esfumaron sin ningún logro, o fueron a parar a los bolsillos de los ladrones?

 

La PDVSA del pueblo terminó como  una empresa semiquebrada, que lo único que ha logrado aumentar considerablemente es la nómina de sus empleados, a pesar de que su producción sigue cayendo en picada.   

 

 Hoy siguen presas  muchas  personas porque supuestamente hicieron llamados a la violencia, pero ¿quién va a responder  por los muertos de la delincuencia y por los cada vez más numerosos muertos por la falta de medicinas o de comida? ¿Cómo es posible que, en nombre de una supuesta revolución, se sigan tomando medidas que sólo han traído destrucción, hambre y tristeza? ¿Cómo explicar ese afán enfermizo  de mantenerse como sea en el poder si, a juzgar por los resultados,  no han sabido ejercerlo apropiadamente?

 

El propio presidente ha reconocido el fracaso de sus políticas económicas y ha llegado a afirmar que las 70 empresas del estado están en números rojos. Pero no es suficiente con reconocer el fracaso y seguir tomando medidas que son más de lo mismo. Urge un cambio radical de timón que nos lleve en una dirección  distinta, que sólo será posible si se rodea de personas eficientes,  honestas y autónomas, y deja de premiar a sus amiguitos y a los militares para asegurarse su fidelidad.

 

¡Basta ya de promesas y anuncios de  medidas que, en vez de resolver los problemas, los agudizan! ¡Queremos soluciones!

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