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Actualizado hace 37 minutos

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Opinión
06:11 AM / 03/08/2018
La Amazonía nos reclama, por Haiman El Troudi
Haiman El Troudi
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La Amazonia es la selva tropical más extensa del mundo, abarca unos 6 millones de km² repartidos entre ocho países y un territorio de ultramar, a saber: Brasil y Perú que poseen la mayor extensión de la Amazonia seguidos por Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guayana, Suriname y la Guayana Francesa.   

Venezuela al sur de su territorio, posee una amplia extensión de la Amazonía que apenas ha logrado ser integrada al cuerpo nacional, lo propio ocurre con la gran mayoría de los países amazónicos. Casi ninguna nación ha dado importancia relativa al hecho de que aquellos territorios constituyen un ecosistema único por su extensión y biodiversidad, tanto por los recursos hídricos que aloja, como por la riqueza cultural de los pueblos originarios.

Un quinto de la superficie venezolana y un tercio del brasileño forman parte de la cuenca amazónica. Más allá, la Amazonía toda engloba un 44% del espacio suramericano y 5% del territorio mundial. Todo cuanto se relacione a estos territorios posee proporciones gigantescas. Europa cabría por completo dentro del área amazónica.

Al constituir la Amazonía un gigantesco espacio de reserva de vida y valiosos recursos, ha sido blanco de todo tipo de explotación inescrupulosa: minería ilegal, industria farmacéutica, expansión de frontera agrícola y pecuaria, talas forestales, extracción de hidrocarburos, construcción de urbanismos, vías de comunicación, hidroeléctricas, etc. Desde hace décadas se ha convertido en escenario de satisfacción sin control del apetito de empresas trasnacionales.

Cada porción de la Amazonía en cada país que la conforma, ve retroceder sus límites rápidamente. En la inmensa mayoría de los casos no existen planes de aprovechamiento sustentable y la desarticulación de políticas comunes entre países, gobierna la escena subregional. Urge una visión estratégica conjunta para formular un nuevo modelo de desarrollo que debería imperar en la Amazonía en pos de su protección, preservación y aprovechamiento sustentable. Dicho modelo podría apalancarse en una alianza des-ideologizada entre los países que orbitan la Amazonía.

Ecosistema biodiverso, principal patrimonio

 

La Amazonía es la región más bio–diversa del mundo: concentra el 30% de la biodiversidad del planeta , los datos son incontrovertibles y es preciso democratizarlos a fin de contribuir con el asentamiento de un imaginario consciente en la opinión publica:

Mientras que en la taiga del hemisferio norte (eurasia y norteamérica), con el bioma terrestre más amplio de la Tierra, que supone la mayor cantidad de biomasa forestal, sus bosques de coníferas no poseen más de 650 especies, en la Amazonía existen alrededor de 10 mil especies de árboles.

La Amazonía es el mayor sistema de agua dulce del planeta (cerca del 20%) , además de proveer cuantiosas riquezas naturales y biológicas. Más de 2500 especies de peces, 40 mil especies de plantas, 6,7 Km2 de bosques, 2200 especies de aves y mamíferos identificadas (y contando), 1 millón de ecosistemas de agua dulce, 350 grupos indígenas, 219 mil metros cúbicos de agua por segundo, descargados al océano Atlántico, y apenas 2,1 millones de Km2 de áreas protegidas.

Es hogar de 2,5 millones de especies de insecto. De cada 11 mamíferos existentes, uno es amazónico; un pájaro de cada 6, un reptil de cada 15 y un anfibio de cada 8, son amazónicos.

Además, unos 7 mil millones de toneladas de agua anuales son liberadas a la atmósfera por la Amazonía, sustentando todo el clima y la vida del continente.

Esta área engloba poco menos de la mitad de todas las selvas tropicales del planeta: su vasta vegetación absorbe un 10% de las emisiones de dióxido de carbono y produce el 20% del oxígeno, que forman en tierra firme los bosques y selvas del planeta.

No obstante, más que por su rol como productor de oxígeno y su contribución en el balance universal de la atmósfera, subiodiversidad constituye el principal activo patrimonial, aunque también ha de valorarse su protagónico papel en la regulación del clima.

Tal abundancia y exuberancia es codiciada por las lógicas mercantiles de las corporaciones globales. Se sabe que en los últimos años, se ha incrementado el desarrollo de diversos productos asociados a la industria de medicamentos, alimentos y cosméticos, empleando como base productiva múltiples especies naturales y originarias de la Amazonía.

Un cálculo conservador indica que por lo menos el 75% de los fármacos comercializados en el mundo, son versiones de sustancias naturales nativas de países del sur, preponderantemente de la cuenca amazónica.

La inercia de la inacción pública y de la ciudadanía respecto a estos temas, abonan el terreno para que la explotación desenfrenada de la selva tropical continúe avanzando exponencialmente, con el saldo de pérdida irreparable de material biológico que demoró millones de años de compleja evolución.

Gigantesco depósito de carbono

Estimaciones recientes indican que la selva amazónica contiene unas 1,1×1011 toneladas métricas de carbono captado de la atmósfera. Liberar ese inmensa cantidad de carbono significaría un aterrador escenario de aceleración del efecto invernadero.

Las plantas y árboles en crecimiento fijan mayores cantidades de CO2 en sus raíces y troncos dada sus demandas de desarrollo, en dicho proceso son productoras netas de oxígeno, por lo que, en bosques y selvas jóvenes el consumo de CO2es muy superior al de los bosques antiguos como la selva amazónica, donde ya prácticamente las plantas que la constituyen han llegado al tope de su crecimiento.

La selva amazónica ya ha madurado, sus árboles y plantas “han dejado de crecer”, por decirlo de alguna manera. De allí que la cantidad de oxígeno neto liberada a la atmósfera y la cantidad de CO2 absorbida, prácticamente se equiparan. Como tal, la fotosíntesis productora de oxígeno se contrarresta en una importante proporción por la putrefacción de vegetación muerta y por la respiración de la propia floresta.

Como se sabe, la mayoría del oxígeno del planeta (cerca del 70%), es generado en el océano por las plantas marinas y, fundamentalmente, por el fitoplancton; mientras que los ecosistemas terrestres, producen el 30% restante. De tales ecosistemas terrestres, la taiga es la primera productora de oxígeno forestal, seguida por la vegetación tropical del planeta, que atrapa unos 200 mil millones de toneladas de carbono. Los árboles y plantas del Amazonas, toman 70 mil millones de toneladas de dicho total y las otras selvas del mundo aportan el resto.

Este hecho no siempre fue así. El retroceso de los bosques y selvas ha mermado la producción de oxígeno por cuenta de la vegetación terrestre. Uno de los ejemplos más insignes de pérdida de bioma forestal terrestre se observó en la selva de Borneo, aniquilada en un 75% durante las tres últimas décadas del siglo XX, dejando de ser el pulmón del sudeste asiático, y pasando a ser, hoy por hoy, un ecosistema esquilmado y enfermo. La devastación fue de tal proporción, que aquella isla fue por mucho tiempo, la primera exportadora mundial de madera, superando a las exportaciones combinadas de África y Brasil.

Quiénes están detrás de la explotación de la Amazonía

La ocupación y explotación ilegal de tierras, la minería a cielo abierto y el agro-negocio son los principales problemas que experimenta la Amazonía, en términos de su devastación, misma que en la actualidad supera el 20% del total del territorio original.

Los asentamientos humanos no planificados, sirven de base a las transnacionales que controlan una superficie estimada de 100 millones de hectáreas. En la Amazonía predomina la ilegalidad y la más absoluta venalidad: existen 90 mil kilómetros de carreteras clandestinas que la cartografía oficial no registra.

La competencia trasnacional para patentar cualquiera porción de vida susceptible de negocio: microorganismos, especies de plantas cultivables, animales, procesos biológicos universales o segmentos genéticos procedentes de seres humanos, se acelera frenéticamente.

Según estudios documentados por Greenpeace, tres transnacionales del agro-negocio, Cargill (la compañía agroalimentaria más grande del mundo), Archer Daniels Midland y Bunge Corporation, son las principales responsablesde la destrucción de la selva, la roturación de las tierras, la expulsión de las comunidades locales y el uso de trabajo esclavo en la Amazonía.

En conjunto, estos corporaciones están detrás de por lo menos el 60% de toda la producción de Soja en Brasil , para lo que ha dado soporte logístico y equipamientos: construcción de carreteras, silos y puertos ilegales.

El aprovechamiento de la soja como cultivo industrial supone sembrarla en gran escala, en detrimento de las comunidades. La industria de la soja en Brasil es la menos empleadora por hectárea. Las plantaciones llegan a alcanzar las 10.000 hectáreas, empleando solamente un trabajador por cada 170-200 hectáreas.

El mayor productor y exportador de soja del mundo es el ex Gobernador del estado de Mato Grosso, Blairo Maggi, conocido como ‘El Rey de la soja’, actualmente ministro de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento de Michel Temer. Precisamente ese estado de la región amazónica es el responsable del 48% de la deforestación, la cual se incrementó notablemente desde que Maggi llegó a la gobernación en el 2003 .

¿Cuál actividad humana es la principal responsable de la deforestación de Amazónica?

 

Las cifras discrepan, datos oficiales, ONG’s y centros de educación-investigación aportan reportes contradictorios, ¿Cuál es la magnitud de la deforestación de la selva amazónica y cuáles son los principales responsables? No existe acuerdo en torno a la escala alcanzada por el proceso de destrucción, no obstante, los indicios son esclarecedores.

Ganadería: Hay quienes afirman que la principal actividad responsable de la pérdida del bosque amazónico, es imputable a la ganadería con fines de exportación de carne bovina. Como tal, un estudio del Centro Internacional de Investigaciones Forestales (CIFOR), da cuenta de que el 80% del aumento del rebaño bovino en Brasil (210 millones de cabezas, siendo el segundo del mundo detrás de India), se ha destinado a la exportación. Este aumento de producción demanda nuevas hectáreas de pastoreo, habida cuenta del declive y degradación de más de 20 millones de hectáreas destinados a campos de cría ya sobre explotados.

Madera: Otros estudios y opiniones apuntan a la explotación maderera, realizada casi en su totalidad de forma ilegal y sin criterios tecnológicos apropiados. Dada lo rudimentario de la actividad, la inmensa mayoría de aserraderos desperdician un enorme volumen de madera, que representa en casos extremos dos tercios de los árboles talados, dada la heterogeneidad el bosque y su predilección por ciertas especies de mayor beneficio comercial.

Lo cierto es que la tala se realiza de forma indiscriminada: las cuadrillas de corte van derribando todas las especies sin distingo, dejando a su paso áreas totalmente despejadas. Para ilustrar la dimensión del daño a la biodiversidad, cabe destacar que en la Amazonía puede haber hasta 300 especies de árboles solamente en una hectárea, por lo que la explotación de las especies comercializables, implica una destrucción sin miramientos de las otras que conviven con ellas.

Minerales: La Cuenca del Río Amazonas contiene aproximadamente 15% de las reservas mundiales conocidas de bauxita, siendo igualmente el mayor proveedor mundial de hierro y acero. Las reservas de oro y diamantes, así como de minerales apreciados por la tecnología como el coltán, son gigantescas y en su mayoría no han sido cuantificadas ni certificadas. La extracción a manos de los Estados (directamente o por medio de concesiones a privados), o por cuenta de la minería ilegal, avanza sin control y dejando a su paso enormes áreas degradadas y contaminadas.

Extractivismo a la sombra de complicidades gubernamentales

Pese a la poca presencia de los Estados y la inmensidad de la Amazonía, sería absurdo suponer que en aquellas regiones donde se explotan ilegalmente recursos naturales a manos de locales y trasnacionales, ello se haga sin el conocimiento y la anuencia de los gobernantes regionales-federales y de las autoridades nacionales.

La actividad exportadora demanda un cierto tipo de infraestructura física y medios de transporte, a fin de garantizar la salida de los productos amazónicos. Es el caso de grandes obras tales como el “Oleoducto de Crudos Pesados” en Ecuador o del gasoducto desde Camisea hasta la costa peruana, así como del gran número de carreteras, puentes e hidrovías, para transportar los productos extraídos por trasnacionales hasta los puertos de embarque.

Inclusive los nuevos proyectos de infraestructura contemplados en el marco de la “Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana” (IIRSA), se inscriben en esta misma lógica extractiva, no habiendo sido diseñados para satisfacer las necesidades y demandas locales, sino desde la perspectiva de los requerimientos logísticos de las empresas exportadoras.

Al amparo de gobiernos insensibles al tema medioambiental, se ha venido reforzando la extracción de productos primarios de la Amazonía, reduciendo al mismo tiempo la capacidad de los Estados para regular los aspectos políticos, sociales y económicos de la actividad.

Se precisa abrir un debate directo y franco, asumir una actitud más vigorosa al seno de instancias de integración como Mercosur, Unasur, ALBA, etc., a fin de evaluar periódicamente las innegables incidencias en la Amazonía y actuar en consecuencia. No hacerlo supone voltear la mirada y desoír los gritos de auxilio de la Madre Tierra.

Tareas urgentes

Ya se sabe suficientemente que la mayor parte de la Amazonía no es apta para la agricultura y que es, precisamente, el propio bosque el principal nutriente de la gran biodiversidad presente. De ahí la necesidad de generar nuevos conocimientos científicos al amparo de financiamientos públicos, nuevos enfoques teóricos, nuevos métodos y técnicas, para establecer un Sistema de Gesti , con vertientes específicas para cada país, en donde se soporte la gestión de los asentamientos humanos, infraestructura y medios de transporte, servicios públicos, ecosistemas, recursos, tecnologías, entre otros.

El sistema amazónico no está, precisamente, centrado en la satisfacción de las demandas de bienes y servicios de sus habitantes o de los países que la integran, sino en la sobreproducción hacia fuera de la Amazonía, proceso dominado por grandes monopolios. Es momento de cambiar esta ecuación.

El punto de partida se ha de centrar en ordenar el espacio amazónico, vale decir, iniciar una ocupación escrupulosa con un enfoque de cuencas, esto es, considerando ese espacio como un sistema de relaciones entre múltiples dimensiones, incluyendo las que él mismo mantiene con su entorno.

El desarrollo extractivista que se ha impuesto en la Amazonía, basado en la apropiación de recursos y su utilización fuera de la región (petróleo, gas, oro, hierro, bauxita, castaña, soja, madera, caucho, ganado, recursos genéticos, narcóticos, etc.), tiene efectos estructurantes económicos y socio-demográficos que contribuyen a su destrucción. En casi todos los casos, lo que se extrae corresponde a eslabones primarios de cadenas productivas globales, controladas por el capital transnacional, en tanto los pueblos del Amazonas están condenados a la miseria y la exclusión. Es preciso que sus voces de denuncia y movilización a favor de un nuevo orden ecológico sea acompañado por el resto de la humanidad.

Proyecto transamazónico sustentable

Así como los pueblos del mundo deben empujar a sus gobiernos a asumir, sin titubeos, patrones de organización social basado en la justicia social y manejo sustentable de la ecología, los pueblos suramericanos y la opinión pública mundial deben forzar la constitución de un tratado subregional en pos del aprovechamiento racional y ordenado de los ingentes recursos amazónicos.

Promover un proyecto combinado e integrador de desarrollo endógeno-sustentable para la Amazonía, constituye uno de los primordiales desafíos de Suramérica de cara al siglo XXI. De ello dependerá la preservación de este único sistema selvático en los tiempos venideros, a fin de que los bosques biodiversos y recursos hidrográficos más grandes del mundo, sigan en pie como patrimonio natural de la humanidad y del planeta.

Este nuevo modelo deberá fundamentarse en la importancia del sistema amazónico en el equilibrio del ecosistema global, así como también en el papel que desempeña la biodiversidad y su evolución.

Aún cuando los matices de su verdor ofrezcan una aparente unidad geográfica, ciertamente la Amazonía es en realidad un universo heterogéneo y complejo, compuesto por diversos tipos de ecosistemas, cada cual con características y vocaciones distintas, por lo que mal pudiera dársele un tratamiento uniforme a los planes de sustentabilidad o pensar en un modelo de gestión único.

En la basta región amazónica no solo existe la selva húmeda tropical, también la compone una amplia diversidad de ecosistemas y paisajes; los bosques inundables, los humedales, sabanas y tepuyes del macizo de Guayana. Identificar los modelos de gestión para cada entorno y reproducirlo en las diversas latitudes del Amazonas es una tarea pendiente, realizable, únicamente, bajo la coordinación de los países, sus pueblos e instituciones.

Consensuar un modelo de desarrollo endógeno

Intentar convertir las zonas amazónicas en áreas pobladas a la usanza del modelo de desarrollo convencional, basado en el consumo de energía fósil y la generación de desperdicios e impactos ambientales negativos, es un camino equivocado.

Hasta ahora, en la Amazonía venezolana, la máxima ha sido dejar pasar, dejar hacer. Ello dada la ausencia de políticas de Estado a lo largo de toda la historia republicana, la indiferencia de los gobernantes, las hostiles condiciones de integración, lo inexpugnable de la selva, la grandes distancias que que la separan del resto del país, las precarias condiciones de la infraestructura de interconexión y la asechanza de amenazas, vinculadas a grupos paramilitares que orbitan en el entorno de la actividad minera.

Sin embargo, existen experiencias piloto positivas y replicables, muchas de ellas realizadas por iniciativa local, que demuestran la viabilidad de modos alternativos de desarrollo.

El desarrollo endógeno de la Amazonía, parte del encadenamientos e integración de la producción agrícola e industrial; asimismo se supedita a la ampliación de las capacidades adquisitivas de la población local; la democratización de las estructuras de poder y el aumentar la capacidad de generación de ingresos propios; ello también asociado al incremento de la producción propia de alimentos, tanto como la mejora de los servicios públicos. En suma, lograr romper la dependencia de insumos y bienes finales provenientes del exterior para generar un mercado interno amazónico, activando así una dinámica propia orientada al desarrollo endógeno.

Ello implica reconsiderar totalmente los enfoques hasta ahora aplicados, lo que a su vez presupone generar una capacidad instalada de gran envergadura dirigida, fundamentalmente, a actividades de investigación y desarrollo sobre esa región. Así, por ejemplo, la explotación maderera está actualmente equipada de un instrumental conceptual y tecnológico concebido para los bosques homogéneos de los grandes países forestales del Norte. Es preciso urgentemente innovar en este campo, adaptando la tecnología y en general los planes de manejo forestal, a la especificidad de los sistemas ecológicos amazónicos, que requerirían más bien una forestería intensiva.

La extensión de la frontera agrícola y pecuaria en detrimento de la floresta no es rentable a largo plazo. En lugar de arrasar la selva primigenia, se trata de aprender a manejarla, y así poder aprovechar los inmensos recursos de origen animal y vegetal que contiene; se trata de inventar una agricultura y una ganadería selvática que no rompa el ciclo biológico.

Todo el potencial amazónico puede ser aprovechado sin destruir el ambiente y la sociedad; tanto los recursos minerales como los energéticos, sin olvidar los recursos zoo y fitogenéticos, que representan la base del desarrollo de áreas de actividad tales como la biotecnología, la producción transgénica (no para fines mercantiles) y la farmacología, todas áreas dinámicas con encadenamientos lineales y transversales económicamente prometedores.

Ahora bien, esa vasta región alberga también una comunidad de 25 millones de personas única en su género, constituida por centenares de pueblos originarios, cada uno con su propia lengua, religión y tradiciones, y por las diferentes migraciones de colonos, que no puede ser ignorada y que debería desempeñar un papel protagónico en su preservación y desarrollo.

La promoción del desarrollo endógeno de la Amazonía supone el respeto de la cosmovisión de las comunidades indígenas, las cuales poseen una visión distinta del desarrollo humano, que no es reductible a un proceso lineal que define un antes y un después, es decir, un itinerario hacia un estado de bienestar material siempre mayor. Las comunidades indígenas no manejan los conceptos de riqueza y pobreza, basados en la mayor o menor acumulación de bienes materiales. Para ellas, más importante que el bienestar es el “bien ser” o “bien vivir”.

Liderar un movimiento popular-gubernamental por la Amazonía

Para el imaginario universal, la Amazonía constituye “un bien público mundial”, lo que ofrece una oportunidad potencial y ello puede llegar a legitimar una internacionalización de la Amazonía como Patrimonio Ecológico de la Humanidad.

La vía para promover un modelo de desarrollo endógeno sustentable de la Amazonía es establecer una sólida alianza entre los países amazónicos, capaz de cambiar radicalmente el patrón de ocupación y el modelo económico que ha dominado en la explotación de la floresta.

La OTCA (Organización del Tratado de Cooperación Amazónica) se ha sumado a la inercia de los aparatos estatales de los países signatarios, se ha convertido en una entelequia sin asidero real, cuya actividad se circunscribe a organizar eventos y promover proyectos que conllevan acciones de impacto muy aislado, y en todo caso muy relativo, cuando lo que se requiere es un cambio estructural. Refundar y re-impulsar la OTCA forma parte del mapa de acciones primeras del movimiento por la Amazonía.

Venezuela junto a Ecuador y Bolivia, en el marco de sus firmes posturas medio-ambientalistas, debe asumir un liderazgo pro-activo, a fin de promover la estructuración de una política común para un modelo amazónico de desarrollo alternativo.

Los países del bloque subregional deben constituir un coro de voces afinado por la defensa de la biodiversidad de la Amazonía, cuya destrucción constituiría un proceso irreversible, sin posibilidad de restablecer la biodiversidad preexistente. La opinión pública, las políticas estatales, la legislación, la supervisión y control han de ejercer presión constante en la perspectiva trazada a favor de la preservación de ecosistema selvático.

El reto inmediato, lograr una plataforma común de defensa de la Amazonía con Bolivia, Ecuador y Venezuela a la vanguardia, junto con las organizaciones sociales medio ambientalistas y de pueblos originarios, tras la conformación de este primer anillo, procurar la adhesión de los demás países amazónicos y, más allá, la adhesión del resto del mundo.

 

 

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