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Actualizado hace 7 minutos

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Opinión
08:39 AM / 12/08/2017
Juego de estrategias en el tablero político
Ana María Osorio
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La política venezolana se debate hoy en día entre los discursos de sus actores cubiertos de dos fachadas radicales con poca visibilidad de negociación y estrategias que parecen ser distractores de los problemas reales. 


Si se descomponen sus actuaciones se hace evidente cada táctica.


Discursos agresivos realizados por la alianza opositora luego de las elecciones de la Asamblea Nacional del 2015 pusieron en alerta a la bancada oficialista, quien entendía que perdía una batalla pero no la guerra. La oposición mantuvo un discurso de reto frente al oficialismo con promesas que no podían ser cumplidas al corto plazo y generaban frustración en el ciudadano. Mientras que el oficialismo se mostraba más radical y retador imponiendo sus fuerzas. 


Estas acciones generaron reacción y se produce una pugna por el poder entre los diputados opositores y los actores oficialistas provocando el mayor reto “todo o nada”; “elecciones generales” que acompañada de 120 días de protestas (según el ideal opositor) ponían en jaque al oficialismo; pero ese jaque despertó las torres y alfiles del gobierno, que entre normas y poderes públicos, crea la iniciativa de la Asamblea Nacional Constituyente, que bajo el adjetivo de inconstitucional e ilegítima y la promesa de que no se realizaría, hoy sesiona. Al descomponer este escenario se evidencian las estrategias; desde la oposición  fundamentada en la “teoría de la Catarsis de la Opinión Pública” que pretendía despertar la conciencia colectiva de los ciudadanos dado al descontento por la miseria, hambre, inflación, desabastecimiento generalizado; y que se enfrentaba a los ideales heterogéneos que conforman la Mesa de la Unidad Democrática produciendo incoherencias discursivas y de acción.


El oficialismo aplicaba la conocida “teoría de los dos pasos”. Mostraba su interpretación de los hechos, al explicar los fallecidos, la quema de autobuses, entre otros, sin dejar supuestos más allá de los justificativos a su inoperancia de gobierno al no solucionar la crisis económica, social ni política del país.  En ella el gobierno fortalece a través de lo que se conoce como la “Teoría del gatekeeper” la penetración de su mensaje en el colectivo.


A la par de esto, ambos sectores se enfrentan a hechos que distraen a través de la “teoría de la espiral de silencio” en la que se reorienta en horas el foco de la opinión pública. Ejemplo de ello, la elección de la ANC el 30 julio, los 8.089.320 votos que obtuvo el gobierno (empañados de una sombra discursiva de fraude por parte de los sectores opositores).

El 01 de agosto en primera plana Leopoldo López y Antonio Ledezma regresan a Ramo Verde; el 02 de agosto, el director de Smarmatic declara “no podemos garantizar resultados de la constituyente, creemos que la data para la elección fue manipulada”; y al día siguiente (03 de agosto) el CNE declara que para las elecciones regionales se utilizará el Registro Electoral de corte 15 de Julio; y recuerda las inscripciones de candidatos será 8 y 9 de agosto. En esa misma tarde representantes de los partidos de oposición dejaron ver desacuerdos al exponer unos que asistirían a dicho evento y otros exponer que no; mientras que los actores oficialistas expresaban “cinismo opositor” por participar en las regionales.


En esta coyuntura la decisión de participación no responde a intereses particulares ni visiones antidemocráticas o éticas, dado a que el contexto del sistema político que impera en el país no se apega a las normas ni modelos tradicionalmente establecidos, sino una supremacía de poder (autocracia, totalitarismo). 


Por ello, hoy el sector opositor navega entre la euboulía (la buena decisión) y la eunomía (la Ley justa). Aunque lamentablemente los partidos de oposición parecen jugar en contra de sí, al generar propaganda negra de otros actores opositores, olvidando que necesitan la unificación de esfuerzos y trabajo mancomunado para alcanzar el poder; y que estas acciones confunden al ciudadano. Entre tantas acciones es necesario reflexionar ¿Quién gana?, que sector resulta beneficiado ante la generación de dudas sobre hechos, encuentros, actores políticos o situaciones, o al abandonar los espacios. 

 


 

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