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Actualizado hace 11 minutos

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Opinión
06:20 AM / 10/09/2018
Guerra comercial o la crisis del capitalismo mundial
Eduardo Camín Periodista
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Los analistas advierten de que el crecimiento económico mundial puede haber alcanzado su punto máximo al final del primer semestre de 2018 y que nos enfrentamos a la perspectiva de una guerra comercial total, mientras s uena entre mis cosas el silencio incontenible de la información.

La Organización Mundial del Comercio, (OMC) envía su comunicado, a un panel de redacciones a lo largo y ancho del planeta, lo recojo y divago, y me interpelo que tal vez en estos tiempos, el vano capricho del hombre solo del ausente no tiene correspondencia ni sonidos, cotidianos. El relato es escueto, dudas e incertidumbres originan los albores de una nueva-eterna guerra comercial.

A pesar de que la lista de países integrantes de la Organización Mundial de Comercio (OMC) no ha dejado de crecer, con un extenso catálogo de limitaciones y (des) acuerdos entre sus países miembros, las estrategias políticas rompen con frecuencia el equilibrio idílico propuesto por esta organización con sede en la ciudad de Calvino. Podríamos una vez más, comenzar por preguntarnos, ¿qué es una guerra comercial?

Algunos documentos de la OMC la definen como “la imposición de medidas restrictivas al comercio entre naciones”. Generalmente esta nace de la decisión unilateral de un país de restringir sus importaciones, acompañada de medidas similares de los países exportadores afectados, como represalia.
 Pronto se genera una espiral de restricciones arancelarias que expande y termina perjudicando a la economía más allá de todas las partes implicadas.

Es cierto que las guerras comerciales han acontecido a lo largo de la historia en repetidas ocasiones y bajo infinidad de diferentes regulaciones. Prohibir las importaciones de un determinado país, o cerrar las fronteras podría ser catalogado como excepción el día de hoy, pero hay varios países que han sufrido de estas medidas.
 Asimismo, en las últimas décadas se han dado restricciones arancelarias que han tensado las relaciones comerciales entre países.

Pero, los aranceles no han sido las únicas barreras o elementos de coacción que han tenido que sortear los bienes exportados. 
Existen otras medidas no arancelarias que esconden en su finalidad una restricción directa al comercio exterior como puede ser la implantación de nuevas normas sanitarias, nuevos requisitos de calidad, devaluación de divisas, subsidios a la producción nacional, acuerdos bilaterales entre países, entre otras.

En realidad, asistimos de forma inequívoca a la crisis del capitalismo. La contracción del mercado mundial ha desatado el incremento de las medidas proteccionistas y la política de sanciones con la que las potencias se atacan mutuamente. Por ejemplo, EEUU. y Europa no paran de denunciar que China usa sus finanzas públicas para subvencionar empresas deficitarias que venden productos por debajo del costo de producción.

Una política que por otra parte ha sido al mejor estilo de Barack Obama, que hizo lo mismo cuando ‘ayudó’ a sus empresas automovilísticas, por no hablar de las subvenciones a la producción agrícola o el rescate bancario con billones de dólares del presupuesto público. ¿No es acaso ésta la estrategia que utiliza el Banco Central Europeo comprando cientos de miles de millones de deuda pública de las naciones europeas, o directamente deuda privada de empresas?

Las medidas proteccionistas del presidente estadounidense Donald Trump tienen implicaciones tan graves que, de ponerse en práctica, en toda su dimensión, se desataría una guerra comercial con China y Europa de consecuencias catastróficas. Una política de acción-reacción semejante arrastraría a la economía internacional hacia una depresión profunda, y no parece que los sectores decisivos del capitalismo estadounidense -que dependen del mercado mundial- estén saltando de alegría ante este escenario.Al contrario, dan signos de una elocuente inquietud. Lo que está en juego es mucho, y por eso mismo habrá muchas presiones para impedir que Trump precipite esta situación al extremo.

Las graves contradicciones que corroen el capitalismo del siglo XXI han vuelto a traer a colación los viejos demonios, abriendo la caja de Pandora de todos los problemas acumulados durante décadas.

Y esto afecta también a la productividad del trabajo, que, a pesar del avance de la robótica, las tecnologías de la información, de la globalización, está disminuyendo, lastrada por la caída de la inversión productiva.

La otra cara de la moneda

La crisis de sobreproducción continúa , la lucha por los mercados se agudiza, el capitalismo europeo y estadounidense, junto con China, registraron en un momento un importante crecimiento, interrumpido por los ciclos de crisis y recesiones inherentes al sistema. No obstante, el recurso al endeudamiento masivo y la expansión del capital ficticio ayudaron a prolongar la bonanza más allá de sus límites naturales, y en dar un carácter aún más explosivo a la crisis actual.

La gran interdependencia económica y financiera de la globalización creó el substrato para que la gran recesión que estalló en 2008 se extendiera virulentamente. A partir de entonces nuevas contradicciones se han desarrollado a gran escala. El caso de China es muy relevante.

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