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Actualizado hace 34 minutos

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Opinión
06:30 AM / 16/04/2018
Grupo de Lima: La vía no democrática
Alfredo Serrano Mancilla/ Analista
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 América Latina continua en disputa geopolítica. El Grupo de Lima es resultado de ello. La conformación de este bloque de 12 países americanos (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú) tuvo lugar el   8 de agosto de 2017. La razón de ser de este nuevo grupo es el intento de acabar con otros dos espacios en la región: Unasur y Celac. Frente a una agonizante OEA y una Alianza del Pacífico que no logra despegar, el Grupo de Lima es la fórmula elegida como instancia política regional para instaurar el orden conservador.

La historia se repite. El gen de nacimiento de este nuevo espacio geopolítico es el intento de aislar a Venezuela de la misma manera que en su momento la OEA lo hiciera con Cuba. El Grupo de Lima nace para adherirse a los EE UU  y Europa en su cruzada anti Venezuela. Es decir, la región americana necesitaba tener su propia arma para destruir a Venezuela, de la misma manera que lo están intentando los otros dos bloques occidentales. La OEA no lo logró porque viene deslegitimándose desde hace años, y porque ni siquiera cuenta con los votos suficientes para obtener ningún resultado efectivo. En consecuencia, se crea este   espacio sin sostén legal de ningún tipo, pero que sí parte de una sólida coincidencia: procurar conseguir desde afuera aquello que no se puede alcanzar por la vía interna democrática.

De la misma forma que ocurrió con la Alianza del Pacífico, Estados Unidos tampoco aparece como miembro explícito en el Grupo de Lima. Esta es una modalidad diferente empleada en el siglo XXI para crear nuevos espacios supranacionales en América latina tutelados desde el Norte. La creciente imagen negativa que Estados Unidos ha ganado entre la ciudadanía latinoamericana durante los últimos años, les obliga a evitar salir en la foto. Son nuevos tiempos, pero con las mismas viejas intenciones.

El objetivo más concreto del Grupo de Lima es poner punto y final al gobierno chavista en Venezuela por la vía no democrática. La forma directa será el desconocimiento como Presidente de Nicolás Maduro si Este resulta vencedor en las   elecciones del 20 de mayo. Esto implica, en un sentido estricto, desconocer la democracia de un país miembro latinoamericano y su soberanía. Y, por tanto, se inaugura así una peligrosa disputa abierta en la región sobre lo que significa la democracia. Y este es el verdadero meta-objetivo del Grupo de Lima: ser juez y parte en la región, siendo notario de lo ajeno en función de sus propios criterios e intereses. Así pueden pontificar lo que es democracia y lo que no lo es. Y a partir de ahí, llevar a cabo su presión, su ruptura de relaciones diplomáticas y mayor bloqueo comercial y financiero. Todo con la única intención de
 alterar el orden político por la vía no democrática, no electoral (...).

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