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Opinión
06:50 AM / 07/10/2018
Economía, razón y emoción, por Maryclen Stelling
Maryclen Stelling @maryclens

Más allá del ámbito material, la economía influye en nuestra calidad de vida y  bienestar,  en las actitudes positivas o negativas ante la realidad y frente a la incertidumbre económica.
 
En  las crisis económicas generalmente se tiende a prestigiar los efectos de  carácter político y social que se generan.   Por ende,  se descuida o minimiza la relación existente entre los factores económicos y el   bienestar psicológico de la ciudadanía. Es incuestionable el  impacto de la economía en la salud emocional de la población y, además,  el papel que juegan las crisis económicas en tanto condicionantes de tal relación.  Estudios sobre el tema demuestran la influencia de  los factores socioeconómicos y macroeconómicos en la salud mental, sin despreciar las condiciones familiares, personales y las capacidades  emocionales individuales.

En el país  la percepción de la crisis pasa forzosamente por el tamiz político y las narrativas mediáticas, fuertemente  comprometidas con factores político-ideológicos. Destaca, en este proceso, la profunda sensibilidad de la población frente al acontecer económico,  ante los factores nacionales y la geopolítica internacional, sin descartar las circunstancias personales en las que juega papel primordial  la identificación política. La vivencia de la crisis -representaciones, emociones- es impactada por la interacción dinámica que se establece entre el entorno  económico, el contexto político y las condiciones individuales.

Sin distingo político, impera en la ciudadanía  un sentimiento de inseguridad donde lo objetivo y lo subjetivo están fuertemente entrelazados.  La elaboración y el manejo de la inseguridad se realiza de manera diferenciada de acuerdo a la afiliación o simpatía política, en tanto variable mediadora. En el caso de las recientes medidas económicas y el nuevo cono monetario, los escenarios construidos por los medios, analistas nacionales  y extranjeros,  se debaten políticamente entre la certeza del éxito y la certeza del desastre. Desde esas certezas polarizadas, la ciudadanía realiza una tentativa de explicación, interpretación y reconstrucción.

Es importante reconocer y afrontar el discurso de la degradación económica, social y subjetiva; que promueve la pérdida de la ilusión y la esperanza; el discurso de lo amenazante, lo inseguro y de la desesperación que se apodera de importantes sectores de la población.

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