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Actualizado hace 2 minutos

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Opinión
06:30 AM / 11/06/2018
Cambio en la conducción política
Félix Cordero Peraza /Analista
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Continúa la pesadilla y no se ven signos de mejora. Como “castigo del cielo” la situación económica se agrava día a día. No hay luz al final del túnel. El gobierno dedicado a limpiar su deteriorada imagen después del 20M, engrasar su organización e imponer su manipulado diálogo y conciliación.  Lo que no puede haber duda es que salieron mal en las últimas elecciones. Falló la organización y los inscritos y misiones sociales hicieron quedar mal al gobierno. Votó más o menos la mitad de los comprometidos. Esto, si tomamos los resultados del CNE como transparentes. Un gobierno con más del 70% de los electores en contra. Culpable de la hiperinflación que tiene arruinada a la población y a parte de ella hurgando en la basura. Una sociedad sometida a un acelerado proceso de empobrecimiento, frente a un gobierno empecinado en implantar un modelo socialista contra viento y marea. 
       Una sociedad que en el 80% adversa la gestión de quienes gobiernan. Sin que se le planteen alternativa validad en contra sentido. Allí está el dilema. Huérfana de una visión convincente y del trazado de un camino que cautive y haga florecer las emociones y pasiones.  Motive los espíritus de lucha y aglutine a la dispersa y desorientada masa opositora. Mientras tanto lo que se observa son unos bosquejos con sentido de lineamiento políticos débiles y personalistas. Cuyos contenidos generales refieren a transiciones y cambios de gobierno inmediatos y definitivos. Su factibilidad no se ve por ningún lado. Dejando la sensación de mayor incertidumbre y poca viabilidad. Una dirigencia opositora fragmentada por las ambiciones personales y grupales sin sentido de solidaridad y cohesión. 
         Para la gran mayoría de las personas la victoria de esta lucha por la democracia plena, contra la arbitrariedad y el totalitarismo, descansa fundamentalmente en las acciones coherentes y asertivas de una plataforma política unitaria de las fuerzas políticas. Ese es el reto de la dirigencia opositora (...).   
         
   Venezuela reclama un cambio en la conducción política. Un viraje calculado y planeado hacia un modelo de gobierno plural y democrático. Cuyo desempeño beneficie a las grandes mayorías y venga acompañado de justicia social amplia y universal. Sin populismos fracasados ni programas clientelares diseñados para controlar políticamente a la población más débil económica, social y culturalmente. Un gobierno democrático con independencia de los Poderes Públicos y una fuerte institucionalidad. 
 

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