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Opinión
06:05 AM / 10/06/2018
Amor, artículo de Eduardo Fernández
Eduardo Fernández Pdte Ifedec @EFernandezVE
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Hoy se me ocurre hablar del amor. Creo que una de las manifestaciones de la crisis venezolana tiene que ver con la crisis de afecto, con la falta de amor.
 
El cristianismo trajo al mundo un mandamiento nuevo. El mandamiento del amor. “Que os améis los unos a los otros como yo los he amado. En eso reconocerán que son mis discípulos”.

Tres grandes revoluciones han ocurrido en la historia de la humanidad. La Revolución Francesa en 1789 predicó: “Igualdad, libertad y fraternidad”. La Revolución Soviética en 1917 proclamó “Proletarios del mundo, uníos”. La más grande de todas las Revoluciones es la Revolución Cristiana que se hizo presente hace más de 2000 años y que nos trajo un mandamiento nuevo: el mandamiento del amor.

¡Que diferente sería el mundo si todos asumiéramos el mandamiento del amor! Las palabras claves del mensaje cristiano son precisamente las que convocan al amor, a la fraternidad, a la solidaridad, al perdón, las que nos recuerdan que Dios es amor y que solo en el amor encontraremos la felicidad, la paz, la justicia y la verdad.

El evangelio según San Juan nos dice: “Este es mi mandamiento que se amen los unos a los otros como yo los he amado”. “Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos”. “Ustedes son mis amigos. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre”.

Antes, en el mismo evangelio, nos había dicho Jesús: “Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena” El cristianismo es alegría. Hoy en Venezuela prevalece la tristeza. Los cristianos y todos los venezolanos de buena voluntad tenemos que trabajar por devolverle la alegría a nuestro país y a nuestros compatriotas. Se trata de luchar por la justicia, por la libertad, por el respeto a los derechos humanos, por el progreso de todos y de cada uno de los venezolanos (...). 

“Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros.

Y el Salmo 145 nos dice: “El Señor es verdad en todas sus palabras, el Señor es amor en todas sus obras. El señor sostiene a los que caen, el Señor endereza a los que se inclinan”. 
¡Qué diferente sería el mundo  (...)  Qué diferente sería Venezuela, si practicáramos el mandamiento del amor. Y, sobre todo, si erradicamos el odio y las maledicencias.

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