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Mira estas formas de criar alrededor del mundo que son un ejemplo a seguir
10:00 AM / 08/06/2019 Agencias
Agencias

"Para criar un niño hace falta una aldea", reza una famosa frase. Cada cultura tiene sus prácticas educativas y costumbres de crianza que se van transmitiendo de generación en generación.

Algunas van cambiando y la modernidad y la economía imponen formas, relojes, tiempos. En la actualidad no está bien visto el castigo físico, pero en otros tiempos se pensaba que conducía a criar niños "más educados". Si en otros momentos de la historia había "más gente alrededor del fuego" para acompañar a los pequeños, nuestras sociedades intentan recuperarlo con nuevas prácticas adaptadas.

Para la pensadora y escritora feminista Silvia Federici, "criar es crear el nuevo mundo", porque esa tarea de cuidado despreciada y desvalorizada, es clave para que emerja otra calidad de personas, en definitiva, otra humanidad.

1. "Las madres más amorosas"

Los pueblos Inuit son nativos de Alaska, un lugar muy frío y desafinante. Poseen códigos de convivencia particulares, algunos de ellos muy interesantes. Comenta para el periódico El Clarín, la antropóloga Flavia Carrión: "El sistema de crianza Inuit puede sintetizarse en esta frase: nunca le gritan a los niños. Gritarle a un niño para ellos es sinónimo de debilidad o inmadurez. Por supuesto, es impensable que alguien pudiera golpear a un niño con el propósito de educarlo o controlar sus berrinches".

En Never in Anger: Portrait of an Eskimo Family, la antropóloga Jean Briggs aborda el tema del enojo parental y sus resultados en el carácter de los niños, tomando el ejemplo de una familia de Alaska. "Las madres Inuit siempre utilizan un tono suave y sereno para hablar con sus hijos. Les hablan con palabras que les brindan confianza en que están siendo amados todo el tiempo. Los padres, también. ¿Consecuencias? Los niños Inuit crecen sanos, fuertes, respetuosos, sin necesidad de esas cosas que en nuestra necesidad hemos naturalizado: gritar, enfurecernos con la criatura, dar 'un chirlo de vez en cuando' y algunas atrocidades peores que se aceptan ligeramente, como necesarias para convertirnos en 'adultos responsables'".

Carrión agrega que: "si un niño se ha comportado agresivamente, por ejemplo con sus pares, los padres Inuit no hacen escándalo ni lo castigan. Le muestran al niño -a través de una dramatización "actuando suceso"- las consecuencias de esos actos". Las historias y narraciones son de extrema importancia para las culturas ancestrales, una fuente de educación infinita que recupera la memoria.

2. Los Aka, ¿los papás menos machistas?

Mucho tenemos que aprender los occidentales de esta tribu africana ubicada en el Congo Brazzaville y la República Centroafricana. Según el centro británico Father’s Direct, "El varón de los pigmeos aka ha sido considerado el mejor papá del mundo". Ellos pasan casi la mitad de su tiempo con sus hijos, los roles "mamá" y "papá" son intercambiables (las mujeres pueden salir a cazar si lo desean).

¿No preguntamos por qué los hombres tienen pezones? Los Aka les dan uso, a veces los ofrecen a sus niños para calmarlos si están fastidiosos, como una especie de chupete. Comparten con ellos todas sus tareas, los pequeños van aprendiendo cada cosa a medida que la comparten con los mayores.

3. La tribu del juego

En algunas tribus de la Polinesia, a pensar de que las mamás y los papás pasan mucho tiempo dedicados a sus hijos, llega un momento en el que comprenden que la mejor compañía son otros niños. Sería como una especie de "jardín de infantes" pero con menos control. Claro que los mayores son los que toman la responsabilidad de los más pequeños, y así todos aprenden: los niños de los mayores, habilidades y descubrimientos, y los mayores, a cuidar y a proteger.

4. Sin bullying es mejor

Según el artículo "Pueblos indígenas y primera infancia" del sitio Maguared, el pueblo Misak, ubicado en el sur de Colombia, "interactúa con los niños alrededor de la lengua, de sus primeras palabras y su cultura: los adultos no pueden reírse ni burlarse de ellos –así sea por cariño– mientras aprenden a hablar y a pronunciar las consonantes; según esta cultura, las burlas, en esos casos, hacen que el niño no respete o sea grosero en un futuro”.

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