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Experiencia Panorama
09:46 AM / 03/04/2018
“Venezuela se ha alejado del cristianismo”
Julio Gutiérrez
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Ian Carlos Torres Parra es un erudito marabino. Fue el primer venezolano laico y sin haber pertenecido a una organización eclesiástica en recibir, el año pasado, el doctorado en teología en la historia de la Iglesia católica en Venezuela. Se graduó de bachiller en 1995 en el Instituto Niños Cantores y se convirtió en el primer seglar en estudiar filosofía en el Seminario Mayor Arquidiocesano. Allí, cuatro años después, recibió el título de licenciado en filosofía por la Unica, magna cum laude.

Se fue a Madrid, donde cursó la maestría en ciencias políticas en la universidad Francisco de Vitoria y se especializó en ONGs en la Complutense. Su primera clase sobre teología política en la maestría le reafirmó su inquietud por la teología. Ahora es su pasión.

En 2010, tras recibir los dos diplomas, fue becado nuevamente por monseñor Ocando Yamarte para ingresar a la facultad de teología de la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma.

La Ciudad Eterna le cambió la vida. Allí recibió el título de bachiller en teología, también magna cum laude, en 2004. Egresó, igualmente magna cum laude, de la especialización en teología bíblica, en 2008. Y también en la Gregoriana, en enero de 2017, fue uno de los tres teólogos, del grupo de 120 que comenzó el bachillerato, que recibieron el título de doctores en teología bíblica. Era el único latinoamericano.

Durante ese tiempo se formó en griego y hebreo antiguo en el Pontificio Instituto Bíblico y estudió política internacional en la Escuela de Política Internacional, Cooperación y Desarrollo.

Además, cuando iniciaba el doctorado fue seleccionado por el embajador Iván Rincón, también zuliano, y aprobado por la Cancillería para desempeñarse como ministro consejero de la Embajada ante la Santa Sede, cargo que ocupó durante nueve meses, en 2010. Había laborado como guía en la Basílica de San Pedro y como personal administrativo en la Congregación para la Doctrina de la Fe.

A sus 39 años, sigue siendo diplomático, ahora como consejero y segundo de misión, pero en la Embajada en Colombia, tras el traslado de Rincón a Bogotá en 2010. Redactaba la tesis doctoral y el país vecino calzaba perfectamente con su proyecto, la interpretación, desde la hermenéutica o el arte de interpretar un texto, en este caso escrito por Lucas, en griego, en Palestina, en el siglo 1, desde la actualidad, en español y en una cultura totalmente distinta, y la actualización del mensaje de ese fragmento bíblico en la realidad latinoamericana.

Contando con la facultad de teología de la Pontificia Universidad Javeriana, las sedes de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam) y del Centro Bíblico de Teología para Latinoamérica, y bibliotecas para acceder a la teología bíblica latinoamericana terminó su tesis en la capital colombiana. Por “La comunidad eclesial de Hechos 2, 42-47 como modelo hermenéutico. La ‘reescritura’ del texto en la realidad latinoamericana, egresó de la Gregoriana de Roma summa cum laude. Le mereció mención publicación, que logró en 2017, con la Asociación Bíblica Española.

El texto lo presentó al clero marabino, a los seminaristas y al público en general en el Seminario Mayor y en la Unica, en visita reciente a la capital zuliana, cuando conversó con PANORAMA.

- ¿Cuáles son los grandes aportes de su investigación a la teología?
— Es la primera vez que se somete a prueba académica este modelo latinoamericano de interpretar la Biblia. Además, en suelo latinoamericano, pero con cánones mundiales. También contribuye con el desarrollo de esa metodología para que continúen las investigaciones en esta línea. Por lo tanto, es una contribución a la teología bíblica latinoamericana. Y un tercer aporte, mezclar el estudio mundial de un texto bíblico con la producción teológica alcanzada de este lado del continente en cinco siglos. Es una tesis que está en boga, que toca los puntos neurálgicos de la teología contemporánea y de la hermenéutica teológica mundial y también de la teología bíblica latinoamericana.

- ¿En qué puede beneficiar el texto a un feligrés común, estando más bien dirigido a personas con estudios filosóficos y teológicos?


— Los cinco versículos refieren a la constitución de la primera iglesia cristiana tras la muerte de Jesús, en el año 35 después de Cristo. Lucas describe cómo se comportaban los primeros cristianos, asiduos en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, oración y la fracción del pan, vendían sus bienes y lo que recababan lo ponían a disposición de todos. Al mismo tiempo, acudían al templo y gozaban de gran simpatía. Por lo tanto, un cristiano era bien visto, por su solidaridad. El reto es actualizar ese mensaje en la realidad latinoamericana, con todos los desafíos de un continente que se autodenomina cristiano, pero desafortunadamente sumido en una gran pobreza y siendo el más desigual del planeta. El texto hace estremecer las estructuras sociales, culturales y económicas de la realidad. Una de las intenciones es que el texto bíblico pueda servir de luz, de modo de acción, líneas guías para responder a los desafíos del continente y de la Iglesia dentro de sí misma y hacia afuera, una fuente de inspiración para actualizar el mensaje.

- ¿Qué le aporta el libro a la Iglesia venezolana en la crítica situación que vive actualmente el país?


— El modelo de la Iglesia primitiva es completamente solidario, de comunicación, en el que todos caben. La Iglesia nació plural, por su geografía y conformación. Y así es aquí, todos somos creyentes y todos cabemos. Es un modelo de Iglesia inclusiva. Es el mensaje que le otorga el libro a la Iglesia venezolana. Todos somos iguales, debemos seguir las enseñanzas cristianas y tener todos una participación en el desarrollo de la sociedad. Y también un mensaje a la Venezuela que pertenece a otras iglesias, de fraternidad. En estos momentos en que Venezuela tiene unos grandes retos, como sociedad, como país, puede señalar el camino de guía para que que se reencuentre a sí misma como país y perfilarse bajo las líneas del cristianismo. Ofrece, un mensaje de cara al futuro, a la esperanza, a superar todos los problemas que enfrenta y los nuevos retos que surgen en este período histórico. Ofrece un camino bajo el cristianismo, de un modelo de Iglesia solidaria, de comunión y de compartir entre todos.

- ¿Cuál debe ser la prioridad, desde el punto de vista teológico, de la Iglesia como institución ante la situación del país, con tanta disminución de la calidad de vida del venezolano?


— La teología deja de ser teología y cristiana si no toca al hombre, a su realidad, al día a día, porque el hombre es criatura de Dios. En ese sentido se ha configurado la Iglesia y de allí nace su misión. Por eso, tiene que hacer lo que ha hecho siempre, acompañar al ser humano como acompañó en su momento Jesús y como lo ha hecho siempre, al lado del pobre, de su educación para promover su humanidad, de su cultura, de su servicio sanitario. Por eso, el gran desafío es lograr mantener con ojos de iglesia y de Cristo la realidad de la vida social y de país, seguir mirando en el otro venezolano a un cristiano, en un extranjero a un cristiano, y evitar distorsiones relacionadas con visiones de iglesias, con ideologías, con sistemas de valores que no son propios de los teológicos. El gran reto de la Iglesia venezolana es acompañar al venezolano en sus dificultades, en las buenas y en las malas.

- Algunas personas dentro de la Iglesia han señalado que buena parte de lo que se vive actualmente en el país obedece a que el venezolano se ha alejado y olvidado de Dios, y que esto permite descubrir que no debemos alejarnos de Dios y mantenernos juntos. ¿Qué puede decir, como teólogo y como venezolano, sobre esta afirmación?


— Es natural que personas y pueblos viven la fe y también experimenten en su desarrollo momentos de cercanía y de alejamiento de Dios, así como de dudas y respuestas. Hoy, en Venezuela y en América Latina, se percibe un cierto alejamiento del cristianismo, que se evidencia siendo el continente más desigual y con tan altos niveles de pobreza del planeta. En estos momentos, América Latina está cuestionándose su fe, está en proceso de búsqueda y de encuentro, de nueva forma de encontrarse con Cristo y encarnar ese mensaje en la realidad. Porque el bienestar y el progreso de un país jamás es contrario al cristianismo. Por el contrario, promueve la cultura y el desarrollo, la promoción humana. El cristianismo y Jesús son una fuerza que permite que un país se desarrolle y sea próspero. Cuando eso no sucede, el creyente tiene que preguntarse qué pasa.

- ¿Cómo ve el auge de la migración de cristianos hacia la Nueva Era?


— Desafortunadamente, una de las debilidades del cristianismo en Venezuela ha sido la identificación de la Iglesia con quienes dirigen la religión cristina católica. Es identificar la comunidad de fe con la institucionalidad. Otra característica desafortunada es no reconocer que la Iglesia son sus creyentes, lo que ha permitido que se alejen de la comunidad eclesial. Y hay otro elemento muy triste, identificar la iglesia con el templo. Cuando la personas se alejan del templo se separan de la comunidad de fe, pero no necesariamente dejan de ser creyentes, porque la fe no se vive solo bajo esas dos realidades, sino también bajo otras expresiones, incluso en la vida familiar, más allá de que sus integrantes no asistan al templo o no pertenezcan a la institucionalidad.

- ¿Qué le ha aportado su formación teológica y su experiencia a las relaciones entre Venezuela y Colombia desde su trabajo en la embajada de Bogotá?

— Como venezolano y como creyente puedo decir que son pueblos hermanos, por geografía, por cultura, por la vida entre sus habitantes, también por la fe y con una historia común. Son muchas más las cosas que nos unen que las que nos pueden separar. Es el camino que siempre debemos construir y nunca abandonar. Nacimos juntos como cristianos y como Repúblicas, y seguiremos naciendo y resucitando varias veces como pueblo porque es una relación simbiótica que es imposible romper. Las buenas relaciones siempre van a estar marcadas por la unión y su amenaza, por la solidaridad y su amenaza, por esa realidad que siempre va a existir pero que del lado de quien se considera un creyente cristiano y de cualquier otra religión siempre tiene que existir y marcar la línea de la igualdad y la unión.
 

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