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Actualizado hace 112 minutos

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Experiencia Panorama
10:32 AM / 06/08/2018
Vendo una lata: Andy Warhol
Alexis Blanco

Pues bien, el muchacho enfermizo e hipocondríaco, con melena de platino y sus silenciosas y enigmáticas poses de monje  podmodernista estaría hoy de rumba dionisíaca. Celebraría sus noventa ciclos, rodeado de celebridades y acólitos, pendientes todos de sus mínimos parcos gestos. Asentiría ante ellos con desdén clásico y, como siempre, con un buen negocio entre ceja y ceja, para vendérselo sin pestañear al mejor postor.

El seis de agosto de 1928, en la industrializada ciudad de Pittsburgh, nació Andrés Warhola,  quien luego asumirá la marca Andy Warhol, su sello universal.

Polifacético y muy bien apostillado en el submundo del arte y la contracultura, las artes visuales en general configuraron su reino, sustentado en la frivolidad y el glamour con el que la decadencia cultural norteamericana instigó el surgimiento, la insurrección, dirían otros, del Pop Art. Es el imperio de la imagen, por ejemplo, digamos su famosa lata de sopa Campbell o la transmutación de Marilyn Monroe en un icono “mainstream”. Warhol y su Factoría, ese gran taller de producción industrial de perplejidades y mitos.
Artistas nuestros, digamos como Marcos Pérez Bríñez, asientan su quehacer en las retrolecturas de episodios de ese panorámico happening en el que convirtió AW cada día de su azarosa vida. Desde los primeros empeños admirables, ilustrando carteles para vender zapatos, hasta esa iconoclastia profusa que lo lleva a apadrinar nuevos fenómenos del arte, como David Bowie, Jean Michael Basquiat o Julian Schnabel, entre muchísimos otros.

Ese glorioso cóctel que además de sexo (su sexualidad estimula en buena medida su obra completa), drogas (los estimulantes caracterizaron el destape cultural de la segunda mitad del siglo pasado) y rock and roll (sus experiencias musicales lo conducen a producir una era gloriosa de la musica punk y sus secuelas, amén de una tórrida producción cinematográfica de inconfundible sello personal), incluirá un instinto casi natural para sacar dinero de las ideas mas descabelladas, instaurando un nuevo filón en las minas del arte en esta era de la reproducción mercantilista ( véase Benjamín, Walter). Warhol, una marca, un gurú, una franquicia heteróclita y bastarda.

"Andy Warhol se posicionó como el pionero y más destacado “artista comercial”, por sus trabajos pop-ulares y seriados sobre objetos, productos y celebridades de consumo masivo. El en sí mismo fue una obra “de arte” representando lo opulento y transgresor. Representa hasta el día de hoy el underground, la rebeldía y el “savoir faire” del chic escandaloso del siglo pasado que aún se mantiene vigente en pleno siglo millenial", reflexiona el ganador del Salón Duchamp del Camlb, Pérez-Bríñez.

Recordó que Warhol poseía una endiablada habilidad para ganar notoriedad, merced a una  hábil relación con los medios y con plena asunción de su rol como gurú de la modernidad. Él actuó como enlace entre artistas e intelectuales, pero también entre aristócratas, homosexuales, celebridades de la industria del entretenimiento, drogadictos, modelos, bohemios y pintorescos personajes urbanos. Todos eran sus hijos, a quienes legó una pizca de esperanza y autoestima como ningún otro encantador de serpientes haría. Les juró que "Todos tenemos nuestros 15 minutos de gloria y de fama". Siéntate ahí, enciende un cigarro caro, sirvete una copa de ego añejo y voy que te cuento.

Epítome de la banalidad y el estímulo al consumo masivo, Warhol prefirió hacer un tipo de arte distinto, pero en esencia harto mercadeable. Vinculado al Pop Art por su condición de dibujante e ilustrador, el artista Fernando Asián reconoce la vocación renovador de AW en una época pretérita a las nuevas tecnologías, donde tuvo que ingeniárselas para resolver obras en base a fotocopiadora y otros métodos de la gráfica disponibles. "Pero no es un exponente del Pop Art al nivel de un Roy Litchtenstein o Robert Raushenberg, quienes intervienen ellos mismos las obras desde sus recursos del cómic o los ecos de la cultura contemporánea, Warhol cede a sus patrones de producción masiva y convierte cualquier asunto trivial  en una masiva respuesta de, por lo general, muy reprochable buen gusto", redondea el pintor.

Warhol prefirió regodearse en el deslumbramiento creado por sí mismo, en tanto su "obra maestra". Inicialmente, habilitó sus fuentes de formación para crear sus obras, esgrimiendo el dibujo a mano, la pintura, el grabado, la fotografía, la serigrafía, la escultura, el cine y la música. No es gratuito, comentaba la artista Dina Atencio, que el Museo Andy Warhol, en Pittsburgh, Pensilvania, contenga una amplia colección permanente de su arte y por eso es el museo más grande de Estados Unidos dedicado a un solo artista. Una "prima donna".

El tercer hijo de Andrej y Julia Warhola, eslovacos, a quien  el Mal de san Vito lo convirtiera en un hipocondríaco incurable, condición que, obvio, influenciará profundamente al perturbado artífice. Walter Echeto, seudónimo para un coleccionista de Maracaibo con obras originales de Warhol en su colección, pregunta: "¿Quién puede concebir la contemporaneidad artística sin detenerse un buen rato en la obra de Warhol? Ni los análisis o reflexiones de grandes críticos y escritores de arte, como Octavio Paz, Vargas Llosa o Avelina Lésper podrían socavar la influencia de este monstruo del arte y, sí, claro, un genio tanto de la belleza poética como de la crematística contante y sonante".

Noventa años que retumbarán en la aldea global como algún tema musical compuesto en su honor. Recordaremos en las pantallas de la Quinta Avenida que, también, Andy solía usar orines para hacer algunas obras. Y se recordarán los tres balazos que, el tres de junio de 1968, Valerie Solanas le disparó, enloquecida de celos y envidia (sic). Eso contribuyó tanto a la leyenda, sobrevivir al atentado, que hasta un exitoso filme hicieron con la historia. Midas Warhol se montará en uno de esos autos de fórmula 1 que le encomendaron pintar y saldrá disparado hacia el Olimpo de los frívolos, donde Narciso peina sus bucles mientras becerros de oro cuentan billetes pintados con emulsión desprendida del cabello plúmbeo de Andy. Al fondo, Lou Reed seguirá tarareando mientras el caminará, muy despacio, por las pasarelas del limbo.

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