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Experiencia Panorama
09:00 AM / 23/07/2017
Testimonio// "Ser ciego y pedir ayuda no es malo"
Luis Aguirre
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Panorama
Agencias

Luis Aguirre

María pauta la entrevista en la playa de su ciudad natal, Vilasar de Mar, a 24 kilómetros de Barcelona, España. “No hay manera de perderse, espérame en la estación de tren, tú vienes del Arco del Triunfo en dirección a Mataró”, se escucha en una nota de voz que envió desde su iPhone. Irónicamente allí en Mataró se divide su historia por estas fechas, hace siete años: saliendo de una discoteca con una amiga, rumbo a su casa a bordo de una moto, un camión las embistió . Tenía 17 años y tras el accidente perdió la vista y el olfato. Hoy, con 24 años, su oído y su perro Tavish, un golden retriever, se han convertido en sus nuevos ojos.

Llega puntual, viene de trabajar y le promete a su mascota un poco de agua. “Vamos a casa, busco el bañador y regresamos a la playa, ¿no te importa? Estoy muy pálida, me viene bien un poco de color”, resuelve.

En su andar evidencia su independencia, madurez y seguridad. Bajas escalones, pasa por un subterráneo, sube escaleras, sigue la calle, cruza y continúa el camino mientras regaña a Tavish que se detiene a olfatear una galleta dulce que tiró un niño. Al llegar a su casa, ofrece disculpas porque sacó la ropa de la secadora y la dejó en el sofá. Muestra orgullosa su terraza, le sirve agua a su perro, saca de la nevera una manzana y se mete a la habitación para ponerse el bañador y sale lista con bolso playero en mano. “Esta vez Tavish no va”, dice y agarra el bastón para guiarse a la vuelta.
  
 
 
—¿Es muy duro recordar cómo fue el accidente?
—Fue el 17 de julio de 2010, era  de noche, iba en una moto, chocamos contra un camión y yo me di en la cara frontal.  Yo me desperté en el hospital y la primera persona que me habló fue mi madre. Ella me contó lo que pasó, yo recordaba poco. Fue muy impactante porque ya me insinuaban que posiblemente solo podría recobrar la vista en un 5%. 

—¿Cuándo se lo dijeron?
—Después de la primera semana hospitalizada me llevaron a una revisión y me dijeron que no podría ver nunca más. Ese día lloré mucho, mucho, mucho. Tenía a mi padre al lado y a Esperanza, una señora  con la que compartía habitación. Esperanza me dio un iPod que yo le había prestado y me decía: ‘Canta niña, canta, que cantas muy bien’. En realidad canto muy mal. 


—¿Es peor perder la visión o nacer ciego?
—Yo siempre digo  que tener vista e ir por la calle desanimado porque llevas ocho horas trabajando, llegas a casa y tu pareja ni te habla, le tienes que hacer la cena, casi no duermes y al otro día la misma rutina. Es decir, vas con mala cara, no te faltan los dos ojos y  eres un amargado… Prefiero ser ciega porque si hago algo mal la gente me perdona (risas). Siempre hago bromas con eso, pero es verdad. El tema de ver es muy relativo, la sociedad nos engaña mucho a través de lo que deja ver, sin embargo ocultan mucho.


—¿La sociedad debe aportar más?
—Es importante que la gente entienda que estar ciego es 50% una discapacidad, el otro 50% lo hace la sociedad. Hay muchos prejuicios, al final las limitaciones son más de la sociedad, crean más discapacidad. 


—¿Es usted  más consciente de esta situación porque es protagonista?
—Con 17 años te preocupas de pocas cosas, en tu mente solo está la idea de salir de fiesta y más fiestas. Cuando te suceda un accidente de esta magnitud cambia la visión de la vida. Ahora veo todo con más claridad siendo ciega.

—¿Qué añora de cuando veía?
—Hacer fotografías, tengo muchas fotos en la cabeza. Cuando pienso en mi familia o en mis amigos se ve vienen todas las fotografías que les hacía. Antes de quedar ciega quería una cámara  Reflex y mi padre cuando quedé sin visión me propuso que sería buena idea que tuviera una cámara y con cada persona que hablaras le realizara una fotografía. Me entusiasma pero es un campo para e que tengo limitaciones. Prefiero dedicarme a tareas que sean más accesibles.

 


 

  —Por ejemplo, hace yoga...
—Sí, me encanta, es una disciplina que puedes hacer incluso con los ojos cerrados. Empecé hace cuatro años y  fue un punto de inflexión muy grande. También me dediqué a hacer deportes. Trabajar. Aprender rutas nuevas para donde ir. Antes mi padre me llevaba al trabajo, un día decidí hacerlo por mis propios medios.  


—¿Cómo es su día?
—Cada mañana me levanto, hago el desayuno, saco a mi perro, regreso a casa, vuelvo a salir para tomar el tren e ir al trabajo hasta las 3:00 pm. En la empresa me encargo de hacer el cáterin, facturación y un ayudo en el departamento de comunicaciones. A mi lo que me da más vida en el mundo es hablar y compartir. No se si termine siendo periodista. Hice un curso de radio, también haré alguno de televisión.


—¿En qué la limita no ver?
—Hace unos días tuve que pedir ayuda con la lavadora, tiene dos envases, uno para el jabón y otro para el enjuague, el del jabón es de color negro y no podía distinguirlos. También me ocurre algo chistoso con  los calcetines, no sé si estoy juntando un par blanco con uno negro. Me toca pedir ayuda, por suerte mis padres son mis vecinos. Pedir ayuda no es malo. Y no solo cuenta para los discapacitados, hay que gente que no sabe pedir ayuda o se niega  ello, sufren más.

—¿Usted doblegó rápido?
—Fue muy difícil, siempre he sido muy independiente.


—¿Cómo distingue su  ropa?
—Por ejemplo, este vestido que llevo puesto es negro, también lo tengo en color granate. Todo lo tengo organizado por escala de colores, el granate está antes y después viene el negro. Como ya me había puesto el granate, sé que solo me quedaba el negro. Ya eso es una manía de cuando veía, acomodaba toda mi ropa por colores. Yo elijo la ropa que me pongo cada día. Tengo mis criterios y mis gustos como todo el mundo.


—¿Se ha equivocado con la sal y la azúcar?
—No, pero sí con la leche. Aun vivía con mis padres y un día me fui a servir un café con leche y saqué de la nevera un caldo. Fue asqueroso, desde ese día identifico la leche con una goma que se adhiere al envase. 


—¿Va al supermercado o le hacen la compra?
—¡Que va!, voy yo, pero prefiero ir a comercios pequeños que me permita proximidad para que me atiendan.

—Le ha pasado que por la calle no se dan cuenta que es usted ciega...
—Me pasa mucho. A veces les digo que si acaso para ser ciega tengo que tener una cara especial o llevar un letrero que diga que soy ciega. Yo tengo un perro guía, lo que sucede es que la gente no sabe distinguir que es un perro lazarillo. Terminan siendo más ciegos que yo.  La sociedad se tiene que preparar y normalizar esta situación.
 

—Después de siete años sin ver, para qué  le gustaría recuperar la visión.
—Me resultaría curioso ver la cara de todas las personas nuevas que he conocido. He conocido a tanta gente, soy muy sociable y a cada sitio que voy me saludan. Quiero juntar voces con caras. Es imposible sin ver develar cómo es el rostro de la persona según su voz, eso solo se ve en las películas (risas).


—¿La mayor lección?
 —Imagínate, caigo en cuenta que no puedo juzgar a la gente por su apariencia. 

 

 

 

 

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