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Actualizado hace 112 minutos

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Experiencia Panorama
08:30 AM / 03/06/2018
Sócrates Serrano: En El vampiro del Lago se reflexiona sobre el bien y el mal
Daniela Bracho
El vampiro del Lago

Ernesto Navarro, personaje interpretado por el actor Sócrates Serrano, no le huye a los retos. Tiene sed de reconocimiento, de éxito, de triunfo. Sin una idea lo suficientemente sólida para escribir su próxima novela, este escritor decide investigar sobre la historia que envuelve a un asesino en serie, Zacarías Ortega, obsesionado con beber la sangre de sus víctimas y con vivir sin límites los placeres, ser inmortal.

“El vampiro del Lago”, ópera prima del director venezolano Carl Zitelmann e inspirada en la novela “Un vampiro en Maracaibo”, del autor zuliano Norberto José Olivar, está disponible en la cartelera de cine nacional desde el 1 de junio. En este thriller policial también participan reconocidos actores como Miguel Ángel Landa en el papel de Jeremías Morales, un policía retirado, también Abilio Torres quien encarna a un joven Morales y el personaje del vampiro está a cargo del argentino Eduardo Gulino. La fotografía de Gerard Uzcátegui y la música de Alain Gómez y Luis Daniel González (Famasloop), ayudan a construir esa atmósfera oscura en la que se desarrolla la trama.

Su protagonista, Sócrates Serrano, explicó a PANORAMA vía telefónica desde Caracas, detalles de la preparación de su papel en la película.

 

Ernesto Navarro es un escritor que se mueve en un ambiente muy oscuro y tenso. ¿Cómo abordaste el personaje?

—Lo que hizo Carl fue tomar la referencia más central del personaje y desarrollarla. Al principio, en las conversaciones que tuvimos, él tenía un planteamiento muy sólido del personaje y yo fui aportándole algunos elementos para darle unos matices de cierta sensibilidad porque yo particularmente no creo en las polaridades absolutas a nivel de rasgos de personalidad, un poco por mi formación como psicólogo. No creo en los rasgos absolutos y determinantes que, además, rayan en lo patológico. Quise darle una dimensión humana y por eso el espectador verá, en ciertos momentos de la película, que Ernesto, por muy arrogante y soberbio que es, logra sensibilizarse con lo que está ocurriendo.

Fue un personaje complejo de abordar al principio porque es una exaltación enorme de la prepotencia, del ego, incluso del arribismo en algunos momentos. Esas cosas a veces nosotros los actores las tenemos en sombra, o no las tenemos lo suficientemente claras, y uno rebota al principio con eso. Cuando entiendes que forman parte de la naturaleza humana, buscas abordarlo de la mejor forma posible, eso fue lo que traté de hacer en el camino. Respetar la línea de Carl, respetar la inspiración del personaje original de Norberto y darle mi propio matiz, mi propia caracterización y lo que logramos fue un Ernesto Navarro integrado, con tres lecturas distintas.

¿Te vales de tu profesión de psicólogo para entender a tus personajes, acercarte a ellos?

—No puedo evitarlo porque forma parte de mi estilo de vida, de mi esencia, de lo que yo hago en mi vida profesional cotidiana. No siempre ayuda, porque a veces el extremo análisis genera más bien una imposibilidad de transmitir. Aquí lo que hice fue, obviamente, partir de un trabajo de análisis de mesa y entendimiento de personaje pero fueron muy importantes los ensayos, ensayamos las secuencias claves de la película y lo que fui descubriendo en los ensayos y en el trabajo más de acción fue importante para mí porque fuimos probando diferentes abordajes. En el mismo set, cuando estábamos filmando, hubo veces en que hacíamos tomas y entonces, por ejemplo, Carl me decía ‘eso me gusta, explora más por ese lado’ y a veces me decía ‘no es por allí, baja el volumen a esto y vamos a buscar por esta otra vía’. Es un trabajo colectivo de construcción que es muy interesante para nosotros los actores.

¿Cómo te cambió haber interpretado un papel tan duro como el de Ernesto?

 —Es interesante porque cuando nosotros los actores hacemos cine, a veces la postproducción  puede tardar de seis meses a dos años y las historias más complejas tardan a veces hasta siete años en salir. Esta película se hizo hace dos años casi, entonces en dos años pasan muchas cosas en nuestras vidas y este último año para mí ha sido de mucha transformación personal, de procesos muy internos, muy íntimos. Hace dos años hice este personaje, verlo ahora después de todos estos cambios que han ocurrido en mí es muy revelador  porque de alguna manera es un reflejo de un espejo de ciertas cosas y más que el aprendizaje que me dejó interpretarlo, te pudiera contestar diciéndote que es más poderoso para mí el aprendizaje que me está dejando verlo ahora como espectador, obviamente entendiendo que es mi trabajo y que es un recorrido que yo hice (…) verlo como un espejo ahora es interesantísimo porque me muestra los límites de la soberbia, por llamarlo de alguna manera.

Me muestra lo rudo que puede ser conmigo mismo dejarme seducir por la extrema soberbia, por el ego exaltado, por esta necesidad que tenemos todos los actores, todos, el que diga que no (…) la necesidad del cariño enorme, tenemos una necesidad de que nos quieran y nos aprueben, que nos reconozcan porque por eso estamos sobre las tablas o frente a una cámara. El que diga que no, todavía no está claro de que inconscientemente eso está operando en él porque nuestra profesión es una que se fundamenta en el ego, en mostrarse (…).

Mi misión como actor es siempre darle al espectador un personaje que le permita reflejar ciertas cosas, hacer catarsis, no solo entretenerlo sino hacer catarsis y hacerlo reflexionar. (…) La película lo que busca es hacer reflexionar sobre el bien y el mal y sobre las decisiones cotidianas que cada uno como espectadores tomamos con respecto a lo que es correcto o a lo que no es correcto en nuestras vidas.

¿Cuál sería su papel perfecto, aquel que no ha interpretado aún?

—Realmente son muchos. Te pudiera decir que en este momento me gustaría interpretar un personaje que hable sobre la fragmentación de nosotros como venezolanos. No estoy hablando de un personaje que exista o al menos no bajo mi lupa o mis conocimientos (…) Aunque hay un personaje que a mí me parece muy interesante, de una novela de Eduardo Sánchez Rugeles, Los desterrados (…) El personaje se llama Lautaro Sanz. Es alguien que odia su identidad como venezolano. Pero en el camino él tiene una transformación interesante (…).

A mí lo que me gustaría interpretar es un personaje que hable precisamente de este espacio de fragmentación nuestra al estar en esta diáspora que estamos viviendo, que sea un personaje que viva esta transición de estar aquí y, al mismo tiempo, estar en muchas partes del mundo, de tener una familia fragmentada, de tener que sobrevivir más que disfrutar la vida estando en el país, de tener que estarse planteando todo el  tiempo de qué manera generar ingresos en moneda dura para poder pagar las cuentas cotidianas, de cómo reconciliarse con sus afectos más auténticos que no sea por Whatsapp o por Skype, de la nostalgia infinita y permanente que nos produce ser  venezolano en este momento porque si estás afuera, extrañas estar aquí y, si estás aquí, extrañas  la Venezuela que fue y lo que yo he llamado el paraíso perdido.

Todos estos temas me gustaría abordarlos en un personaje y recorrer la vivencia de eso porque creo que puede ser un personaje con mucha resonancia, catártico y me gustaría dar un mensaje a través de ese personaje.

¿Cine o teatro?

—El teatro te da la maravilla de la repetición, que para nosotros los actores es interesantísimo porque puedes reexplorar cosas, revisar cosas, volver a transitar una emoción. Eso es maravilloso porque es un entrenamiento permanente. Cada función es un aprendizaje, si te equivocas, ese error va a ser capitalizado para una próxima función o en una función descubres algo nuevo del personaje que no sabías, en una función te sientes fatal y dices ‘eso fue lo peor que he hecho’ y en otra dices ‘descubrí el personaje hoy’. Es maravilloso.

El cine tiene una magia muy especial que es la de la trascendencia. Cuando tú haces una película, dejas un testimonio que está disponible en cualquier momento porque es un legado a través de la imagen. Tú puedes ver una película por los diferentes medios audiovisuales cuando quieras verla, eso está allí, forma parte ya del legado del arte en general, en este caso de la cinematografía. Tiene una serie de componentes adicionales que tienen que ver con la inmediatez, actuar frente a la cámara que es completamente diferente a actuar en teatro, el tema del naturalismo, del pensar en lugar de actuar, eso es maravilloso. Para mí el teatro y el cine se complementan, yo he sido muy afortunado de hacer las dos cosas. Sería muy feliz de poder hacer seis meses teatro y seis meses cine (risas).

¿Todavía siente miedo antes de un estreno? ¿Tiene algún truco para evadirlo?

—Tengo un ritual y es pensar en mi papá, que partió cuando yo tenía 18 años. Siempre me acompaña y siempre pienso en él, miro hacia arriba antes de salir a escena, le digo algo como ‘gracias viejo por estar aquí’, me persigno porque estar en el escenario es un momento de revelación y de entrega, donde también tú te estás arriesgando, entonces lo he hecho siempre en el teatro en cada función antes de salir a escena y también en el cine con personajes claves y particulares como Ernesto.

Lo otro en lo que pienso es en el disfrute, este es un oficio y una profesión donde tienes que estar disfrutando todo el tiempo y entregándote, poniendo ahí tu corazón, poniendo tu todo para que para el espectador lo que tú hagas tenga verdad. Si no tiene verdad lo que haces, si tú no te lo crees, si no lo haces con pasión, el espectador no lo va a comprar y no se va a meter en tu historia. Lo que yo busco siempre es hacerlo con la mayor honestidad posible.

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