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Actualizado hace 8 minutos

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Experiencia Panorama
08:30 AM / 16/04/2019
Renato Aguirre: Nadie sabe el nombre de la elegida de la Chinita
José Rafael Rivero

Renato Aguirre González es el “Poeta Diamantino de la Gaita”. Dice: “Ricardo, mi hermano, sigue siendo la guía cultural de la familia,  es como una caja de resonancia de la familia.”. Sobre su tema La elegida señala: “Yo se lo hice    a la señora desconocida. Fue en 2009 y ya es un clásico gaitero, gracias a Dios”.

Elevado hasta la cumbre donde el tiempo se subyuga y la palabra es soberana, donde la cultura redime y restaura y la poesía es suprema fuente (...) estuvimos, visitando el laberinto del creador: escurridizo, bifurcado y protegido como gema ancestral. Hacedor de linaje que ha vestido de solemnidad y — al mismo tiempo— de festividad la gaita zuliana.
 
Renato Alonso Aguirre González, “El Poeta Diamantino de la Gaita”, nació en Maracaibo  el 12 de noviembre de 1946. Es compositor  con una vasta visión humana, sensibilidad y actitud permanente hacia la excelencia, que, nos incita a decir que muchos momentos en la historia zuliana  están íntimamente zurcidos a su nombre.  Ha sabido, como pocos, abrazarse a la contemporaneidad.
 
De su inspiración ha germinado  Aquel zuliano, Celestina aurora, El bambuco, Aquellos lejanos días, Catatumbo templo del sol, Vigencia de un perfil, Fascinante Venezuela, Amor prohibido, Parranda con amor, La negra Juana, La palangana, 100 años LUZ, El guerrero peregrino, Zulianidad frondosa, Sagrada dama del Saladillo y  La elegida, considerado un clásico contemporáneo del género zuliano, entre otros.
 
  
  
 — ¿Cuándo ocurre el encuentro con la gaita?
 
—  Yo no podría hablar de un encuentro formal porque la gaita la tenía en mi casa. Desde pequeño tengo la sensación de estar oyendo gaitas porque los tíos míos eran gaiteros, cuatristas, cantores. Lo primero que aprendí a tocar de la gaita fue la tambora; entonces si fue un encuentro, fue de una manera gradual a través del tiempo y con la experiencia llegué al estado de gaitero como tal… desde que estaba en el vientre de mamá oía tambores, incluso chimbángueles, se escuchaban  por allá, por aquella época, muchas guitarras, serenatas.
 
 
  —  ¿De qué año está hablando?
 
— De 1955 en adelante, porque nací en 1946. Tuve la suerte de haber nacido en una familia donde había  cantantes, cuatristas y yo me amoldé a esa experiencia con mis hermanos.
 
 
 — La gaita se nombra de muchas formas y una de esas es Ricardo Aguirre, háblenos de esa relación con “El Monumental” 
 
— Precisamente por ser hermano era una situación de orden muy cotidiano  y doméstico, de mucha confianza,   mucha intimidad y no vi a Ricardo, en aquellos tiempos, como el hombre gigante de la gaita o “El Monumental”, como ya le llamaban. Lo veía como mi hermano, lo asumía como mi hermano y de esa manera establecía relaciones con él como lo hacía con  Rixio, con Luis Esteban con Jesús Ángel, Alfonso, Alves. Pero obviamente, hubo un momento en el que me di cuenta que él era un destacado, un monumental. Tuve la gracia plena de levantarme entre dos pilares fundamentales: Ricardo y Luis Ferrer. Ellos eran como hermanos, porque ambos tocaban guitarra,   cantaban,   componían,  tenían muchas cosas en común.  Pero, por supuesto, Ricardo  era una grandeza. Hoy  sigue siendo la guía cultural de la familia, es como una caja de resonancia de la familia.
 
 
  —  ¿Cómo evalúa el descenso de la gaita?  
 
— No asumo un grado de complejidad, por lo menos en lo que me ha tocado hacer. Yo sí me he surtido del ambiente. Las perspectivas mías como creador o   creativo derivan   de mi propia cultura, de mi propio asidero, de mi propia simiente. Por eso no establezco esas comparaciones de altos y bajos y simplemente me dejo llevar por la inercia de la existencialidad. En esos términos he andado, ando y andaré.
 
  —  Ese misterio sublime de “Aquel zuliano” que está expresado en unos versos gaiteros ¿de qué se trata?
 
— ¡O sea, que tengo que hablarte de una cosa que yo me he guardado durante años!
 
—  Si usted lo desea…
— Te diré algo. Nadie sabe quién es quién en determinado momento, o qué habilidades, o qué facultades tiene. Esa es una cosa que no puedo exhibir ante el denominador común. No porque me vayan a llamar loco, porque eso no me importa, pero la solté de esa manera porque fue un acto inspirativo que en ese momento tenía que culminar, y así fue. No puedo hablar de lo que consiste, no necesariamente un secreto, pero sí precisamente con una característica de misterio que debe permanecer con la loza del silencio encima…
 
 
   —  Ha sido de las duplas más celebradas y exitosas de la gaita: la suya con Ricardo Cepeda ¿qué piensa?

 
— Afortunadamente… La respuesta conclusiva es que ha sido un éxito total. Es la respuesta más fácil porque está en el ambiente. Está en una producción discográfica inmensamente grande, de parte de él, de parte mía y de parte de agrupaciones musicales, arreglistas, coristas en fin. Prefiero hablarte más bien  de que en esta casa donde tenemos más de 50 años, después del accidente de Ricardo se apareció Douglas Soto, él no hallaba cómo entrarme porque uno tiene su carácter. Él vino a hablarme de un probable sustituto de Ricardo. Ricardo Aguirre, no tiene sustituto; Cepeda no tiene sustituto, ¿Astolfo lo tiene? No lo tiene. Ninguno de ellos tiene sustituto, son hombres que tuvieron un espacio legítimo, lo glorificaron, lo entregaron con laureles y eso va a permanecer en el tiempo como una huella imborrable, como una huella cósmica.
 
 
   —  ¿Qué le pidió Douglas Soto?
 
 —Cuando él decide hablar, me dice: “Necesito que me deis un tema para un muchacho que viene para Cardenales. No es que va a sustituir a Ricardo, pero tiene el estilo de él…”.  Y yo le dije, ¿puedo conocerlo? Y él me dice: “Sí, él viene”. Le contesté voy a ver porque no tengo ánimo de estar componiendo gaitas. Recuerda que Ricardo murió en el 1969 y Douglas vino en   1971.
 
   — Tenía Ricardo Aguirre apenas 30 años
 — Sí. Pero los había cumplido en mayo. De esos 30 años, vivió solo seis meses. Revolviendo mis cosas en el escritorio donde compongo encontré un casete de un tema que había hecho en 1967 o 1968, y obviamente pensé que ese tema me lo iba a grabar Ricardo. Ya nos había grabado algunas cosas y Jairo y yo teníamos como norte a “El Monumental”. Ese tema se titula  Aleluya. Esa gaita se me había desaparecido. Pienso que con tantas cosas que sucedieron y cuando Douglas me viene a hablar de Ricardo Cepeda  me interesé por él  porque hubo señales de allá arriba. Se va Ricardo Aguirre, Douglas me pide la gaita y me aparece el casete. Ese es un tema que hice para Ricardo Aguirre y me lo grabó Ricardo Cepeda.  Por cierto hice un tema con esa anécdota y se me desapareció.
 
  
   — Una de las etapas más luminosas de su carrera fue la que compartió con Cardenales del Éxito, ¿qué recuerda de aquellos días?
 

  Excepcionalmente maravillosa. Nací, crecí y me hice ahí. Pero también fui padre de los Cardenales del Éxito. Luis Ferrer, Ricardo Aguirre, Eurípides Romero, nos fuimos haciendo a la par con la agrupación, fuimos creciendo, quemando etapas (...)
 
 
   —  ¿Qué gaita que no sea de usted le hubiese gustado componer?
 
  — Cualquier gaita de Luis Ferrer... sus melodías son muy sensibles. Hay, quienes te plagian el trabajo pero reconozco muchos compositores buenos: Simón García, Luis Ferrer, Eurípides Romero, Heriberto Molina, Jairo Gil, Rafael Rodríguez, Astolfo Romero, un creativo excepcional; Ricardo Portillo  es un compositor excepcional.

 
  —  La elegida se ha convertido en un clásico contemporáneo de la gaita, la feligresía la canta, la canta el no creyente, es un tema mágico, ecuménico ¿cuál fue el propósito de la pieza?

 
— Advierto que hay un personaje que está dentro de la imagen de la Virgen de Chiquinquirá. Mi hermano decía: “Lavando una viejecita a orillas de nuestro lago…”. Mi mamá me decía algunas cosas; pero después, con el tiempo, me encuentro con el hermano Nectario María, un especialista en investigaciones marianas en América y hallé una respuesta que me satisfizo. Él dice que el nombre de la señora que consigue la Tabla en la orilla de la playa , no quedó para la historia.  ¿Cómo es posible eso?   (...) Nectario María  me ayuda a identificar quién es la persona, aunque no se conoce el nombre, quien consiguió la Tablita y que por tanto concibe el milagro. Esa señora es la elegida a quien yo le hice ese tema. Por supuesto está involucrada la madre, porque la   Chiquinquirá en el Zulia la eligió a ella, a la desconocida. Fátima también eligió, eligió Guadalupe. Mucha gente dice que la elegida es la Virgen, y yo les digo que la Virgen es la elegida de Dios ¿No eligió Coromoto al indio Coromoto incluyendo a   su familia que estaba en ese momento en el río?
(...) Mi dedicación en ese tema, obviamente es una ofrenda a la   Chiquinquirá, pero  es para esta señora que la historia no tiene su nombre. Ignoro por qué. Quién se asoma al frontis de la historia es María de Cárdenas. Y es muy fácil, para quien no le guste trabajar, decir que fue María de Cárdenas (...)

 
 
  —   La pretensión es rescatar la imagen de la desconocida...
 
—Más que rescatar es aclarar al público que se sintoniza erráticamente a la persona (...) Nunca Nectario María  dice que María de Cárdenas era la molendera, la lavandera.  Yo le hice el tema a la señora desconocida. Creo que estoy sobre los pasos de una gran verdad porque ese tema que es de 2009 ya es un clásico gaitero, gracias a Dios.


 
 
 

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1Comentarios

1

Pedro Reyes 16/04/2019 12:52 PM

Los admiro, se lo toman en serio y les funciona. Magnifico.


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