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Experiencia Panorama
09:00 AM / 09/10/2017
Perfil / “El Che”, medio siglo después de su asesinato en Bolivia
Alexis Blanco
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Agencias

Medio siglo después de su asesinato en Bolivia, la figura del mítico guerillero argentino continúa proporcionando inspiraciones y agruras entre quienes diatriban en torno a su vida y obra. La deconstrucción de la misma instiga una vasta relación de hechos históricos que aún hoy resultan decisivos para comprender el destino ético y político de los procesos revolucionarios que él mismo ayudó a sembrar en todo el continente.

Émulo de sí mismo, de su contradictoria grandeza, el médico guerrillero, Ernesto Guevara mantuvo fija la mirada en los fusiles que embestían contra él, en el patíbulo de una selva que soño por él mismo liberada y donde jamás se le ofreció clemencia. Cincuenta años después de ese aciago nueve de octubre de 1967, su solo nombre instiga nuevas revelaciones y revolucione, aunque sus asesinos bolivianos sí han sido “absueltos por la historia” y él mismo representa la lucha contra el imperialismo que enseñó a combatir sin tregua alguna.
Con el libro del colega Jon Lee Anderson en la mano, emprendemos el intrincado camino que conduce a la asunción del mito con una mirada más humana y en defintiva despojada de fanatismos o prejuicios que impidan leer con claridad el legado del hombre guerrillero.


 Anderson vivió durante tres años en La Habana, mientras transcurrieron los cinco que invirtió en hacer el libro de 750 páginas cargadas de un profundo interés en desmitificar al médico argentino. “Llegué a él, a través de la guerrilla. Me cuajé como periodista en la época de insurgencia y la contrainsurgencia en América Central, en los años 80. El Salvador, Nicaragua y Guatemala. Allí pasé tiempo con guerrilleros, la mayoría inspirados en la revolución cubana de los años 60 y, en definitiva, inspirados en la filosofía del Che Guevara. Me interesé mucho en ese fenómeno, en la psique de ser guerrillero, lo que hacía que algunos se conformaran ante sociedades injustas y otras que cruzaban esa raya invisible y subían a la montaña, alzados en armas (...) Él encarnaba, en una sola persona, ese ser humano que tanto me fascinaba. Hombres que decidían cambiar las sociedades por las armas”, dijo.


Hasta sus más encarnizados enemigos aprendieron a admirar esa voluntad férrea, ese deseo inquebrantable de dar la vida si es preciso para justificar sus ideales. “Eso sería lo más rescatable de manera objetiva”, advierte la psiquiatra Magdalena Benítez, estudiosa del personaje que fue fusilado en Bolivia, hoy hace medio siglo. “Una pasión íntegra”.
Desde su natal Rosario, donde nació, el 14 de junio de 1928, pasando por La Habana hasta llegar a La Higuera, el caserío boliviano donde fue ejecutado, el mundo entero mencionará hoy las proezas de este político, periodista, escritor y militar, mente maestra en la concepción del proyecto liderado por Fidel Castro Ruz. La imagen que le tomara el también legendario fotógrafo Alberto Korda aún inspira y estimula los ideales y sueños de grandeza revoluciinaria de millones de personas. 
Por encima de las utopías y los odios que su trayectoria generaran, quedará siempre abierta, más allá de toda herida, la necesidad de reflexionar sobre esa manera de entender la lucha por las ideas.

El exdirector de postgrado de la facultad de ciencias económicas de la UCV, Juancho Domínguez, enfoca: “Su vida y leyenda hablan por sí mismas y anécdotas atribuidas a él hay por millares, pero si hay algo que siempre me llamó la atención fué su frugalidad casi monacal en torno a las cosas materiales. Tanto así que, en un viaje a la Unión Soviética como canciller, le vieron las medias rotas y contestó que por la cartilla aún no le tocaban unas nuevas y otra cosa curiosa es que no le conozco referencias a la música  ya sea su gusto personal o mencionarla de alguna manera como sí lo hizo con la poesía...”.

Habrá hoy una suerte de “buffet” o autoservicio a propósito de Guevara. Desde seminarios académicos para estudiar sus aportes y contribuciones estratégicas a la lucha armada, como conversatorios para desnudar o desmitificar esa figura  que plantea Domínguez. 

La educadora Marisol Colina Velásquez siempre habla a sus muchachos: “Me encanta eso, Fue y es uno de los hombres que formó parte de nuestras ideologías de izquierda, con su vocación para luchar por un mundo mejor,lleno de oportunidades para todo ser...Trazó unos camino de lucha hasta lograr la visión de amor, paz,igualdad,entre los seres humanos en nuestro plano terrenal....un hombre visionario, nació para lograr triunfar en estas luchas de clases sociales...!viva el Che...!”.

La colega periodista Susana del Olmo mira las cosas desde otra perspectiva: “No sé cuál sería el interés en resaltar la figura de un bandolero que no supo sino recorrer países sembrando un legado de odio y de muerte. Ojalá publicaran los testimonios de las decenas de familias que han sido borradas de la faz de la tierra por no plegarse a los oscuros intereses comunistas y que hoy, desafortunadamente, encuentra eco relevante en países como el de ustedes”. Letal.

Amado y odiado, sí, el mayor de los cinco hijos de Ernesto Guevara Lynch y  Celia de la Serna, una familia adinerada y con abolengo. Un muchacho asmático y de gran afinidad con su niñera, Carmen Arias, de quien adquirió identidad con los hijos de la tierra. Alberto Granado, su amifo personal, con quien marchó a recorrer el continente en una motocicleta, lo que dió lugar a una película muy hermosa, vino a Maracaibo y aquí, en esta sala de redacción, confesó una mañana muy lluviosa que, de no haber tenido ese destino, Ché “habría emulado al mismísismo Simón Bolívar”.

El actor Benicio del Toro perfiló una imagen compacta del Ché, en un filme que Stever Soderberg hizo tratando de respetar las dos visiones confrontadas del personaje. Y el actor dió una clave: “Acepté el personaje con mucho miedo, respeto y tacto. No es fácil interpretar a una figura histórica y mucho menos como Ernesto – El Che – Guevara, por eso había que estudiarlo a profundidad”.

Para ello disponemos de decenas de páginas, sin olvidar el antológico libro de Jon Lee Anderson. Cada corazón deberá estar conectado con su cerebro, para rescatar la mayor objetividad psoible de un personaje a quien se le han consagrado los más variopintos epígrafes. 

Los testimonios de sus asesinos, el coronel Joaquín Zenteno Anaya y el agente de la CIA Félix Rodríguezm establecen con nitidez la intervención de la CIA en todo el operativo para su ejecución. El entonces presidente Barrientos ordenó la misma. El actual gobierno boliviano ha enfatizado el perdón para ellos y así consta en el programa del homenaje que presidirá el propio Evo Morales.

“Triste paradoja para quien decidió ejercer la violencia capital como término de lucha y que ahora sea reivindicado como un paladín de la paz”, subrayó la poeta checa Marxia Hershiser, autora de “Ché Guevara paladín y verdugo”. Cuando, en 2005,  el guitarrista mexicano Carlos Santana exhibió una camiseta con la figura del Che durante la entrega de los Premios Oscar, su colega, el  cubano Paquito D'Rivera escribió una carta abierta cuestionando tal  apoyar a quien nombraba como “Carnicero de La Cabaña”. aludiendo la dirección del argentino en los “juicios revolucionarios” que conllevaron a la ejecución de los disidentes condenados, entre los que se encontraba su propio primo, por el solo hecho de tener creencias cristianas.

La gloria de un hombre que brinda su vida para cambiar la historia trasciende sus hechos personales y así establecía el ensayista Antonio Castejón, quien trazaba distintos términos de reflexión epistemológica para acceder a una comprensión científica del fenómeno protagonizado por Ché Guevara. En última instancia, será su propia poesía la que alimentará su recurrente leyenda, con una convicción estremecedora:


“¡Lo sé! ¡Lo sé!: Si me voy de aquí me traga el río. / Es mi destino: "hoy voy a morir". / Pero no, la fuerza de voluntad todo lo puede. / Están los obstáculos, lo admito. / No quiero salir. / Si tengo que morir, será en esta cueva. / Las balas, qué me pueden hacer las balas / si mi destino es morir ahogado, pero voy / a superar mi destino. El destino se puede / alcanzar con la fuerza de voluntad. / Morir sí, pero acribillado por / las balas, destrozado por las bayonetas, / si, no, no, ahogado no... / un recuerdo más perdurable que mi nombre / es luchar, morir luchando”. Y por eso hoy se le honra.

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1Comentarios

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Pedro Reyes 10/10/2017 12:57 PM

Aparte lo que defendía, era un hombre con un buen par de ellas, y precisamente no solo para hacer bulto.


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