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Experiencia Panorama
10:34 AM / 07/09/2017
PERFIL / Pavarotti, el inmortal
Panorama
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Alexis Blanco

Una década de su partida y aún retumba en el foro del cosmos ese aplauso infinito que le concede una humanidad agradecida por las bondades de su don: Luciano Pavarotti vivirá por siempre en el alma de su pueblo.
Entonces, mientras la ovación de pie mantiene su intensidad, un niño labrador interpreta al muchacho de Módena, cuyo padre también poseía la tesitura y registro maravilloso de su hijo, solo que lo ejercía de manera amateur y prefería amasar sus panes mientras cantaba las árias de las grandes óperas italianas.


Esa infancia adscrita sustancialmente a la esencia de su tierra, porque Luciano aprendió las benevolencias y secretos de la agricultura, antes de marcharse a la escuela donde primero aprendió a jugar el fútbol, como arquero, para después pensar en una carrera como maestro de aula, hasta emprender su vuelo infinito hacia la inmortalidad.

Luciano Pavarotti Venturi hizo música al nacer, en Módena, el 12 de octubre de 1935. Su don combinó las facultades interpretativas del bel canto, con su capacidad innata de mezclarse y cantar con todo aquel ser de cuya garganta emergieseb sonidos capaces de intentar emular la gracia fecunda del Creador. 
El hijo de Fernando Pavarotti (1912-2002) y de Adele Venturi (1915-1999), trabajadora en una fábrica cigarrera, aprendió de esas dificultades que siempre sustentan el alma de todo grande artista. Huyendo de la guerra, en 1943, llegó al campo y también descubrió el sentido profundo de la vida
Un chico feliz que sorprendía a los suyos cantando como predestinado a emular a los tenores populares de la época, los Beniamino Gigli, Giovanni Martinelli, Tito Schipa y Enrico Caruso, aunque su ídolo verdadero era Giuseppe Di Stefano. Estaba por cumplir los nueve cuando lo llevaron a formar parte del coro de la iglesia local. Su destino ya no sería el mismo, por su voz brillante.

Maestros contemporáneos, como el venezolano Aquiles Machado, reconocen y agradecen esa capacidad de Pavarotti de universalizar cualquier tema cantable, junto con sus intérpretes más insólitos, haciendo que la música académica se tornase en muy popular, y viceversa, recreando una corriente de afecto y admiración que resplandece.

El maestro zuliano Jorge Quintero afina su voz de tenor y participa: “Hablar de Luciano Pavarotti, es hablar de la voce di dio (la voz de Dios). En efecto, la belleza de su timbre, la justeza de su fraseo, la intencionalidad del acento declamatorio, el charme o imán que irradiaba su personalidad, aunado al rostro gentil y su espíritu de muchacho grande, hacen del Big Luciano un intérprete —evitaré decir cantante— único e irrepetible.
El Maestro fue el verdadero heredero de Enrico Caruso, es decir, heredero absoluto del “Recitar Cantando”, su voz se distingue por la “Perenne Lágrima”, esa que conmueve y hace delirar a quienes tuvimos y tienen la dicha de escuchar esa voz que permanecerá isolata (aislada) por los siglos de los siglos. Luciano Pavarotti, poseedor de todos los secretos del Bel Canto(clásico y romántico, del Verismo musical. Esa técnica, esa alma, ese amor por la música en todos sus géneros, nos permite decir ¡Gracias Luciano por tanto amor!”.

Alberto Quero, poeta melómano, afina, desde Canadá: “A pesar de su extensa carrera como tenor de ópera,  Pavarotti siempre estuvo dispuesto a experimentar con otros géneros.  Prueba de ello es su colaboración con músicos de pop y de rock. Más valor adquiere su decisión si consideramos que ella solía enmarcarse en los festivales ‘Pavarotti and friends’, que se destinaban a recaudar fondos para causas benéficas y caritativas.

Desde su programa en Alborada, José Tomás Castejón, difusor de música clásica: “Luciano Pavarotti: sus mejores papeles, en mi opinión, en cuanto a ópera son el de Rodolfo en La boheme; Nemorino, en el Elixir de amor de Donizetti; el de Tonio, en La hija del regimiento, del mismo autor y El Duque de Mantua. ¿Mi opinión sobre el tenor: sin duda una de las voces  de tenor más bellas. La primera vez que escuché algo de él fue en un cassette de papá Antonio donde Pavarotti cantaba canciones napolitanas. Él es fundamental...”.

También tenor y con abolengo lírico, Renzo Pineda Priolo, cantante: “No cabe duda que Luciano Pavarotti fue unos de los mejores tenores de la historia, un admirable músico, quien tuvo muchos obstáculos para llegar a ser tan grande. Pienso que los amantes de la música en la actualidad deberían conocer su historia, y la buena técnica que tenía para cantar, una voz fuerte y completa. Algo que pienso que fue un boom, en los años 90 en el concierto de ‘Los tres tenores’ con Plácido Domingo, José Carreras y Luciano, en el apertura del mundial de fútbol en italia, fue más un concierto que un espectáculo de fútbol. Me gusta mucho las interpretaciones de ‘O sole mio’ y ‘funiculí, funiculá’...”. Puro pueblo.
Obrero cultural y melómano apasionado, Daniel García subraya que la grandeza de su ídolo radica en el hecho de haber asumido todo el repertorio de la tradición musical popular italiana, pero esencialmente napolitana y otorgarle una dimensión planetarias.

Tras estudiar con gente como Arrigo Pola y Ettore Campogalliani, Luciano se estrenó con el coro del Teatro de la Comuna, en Módena, y luego en La Coral de Gioacchino Rossini, donde demostró su talento, al debutar, el el 29 de abril de 1961, como Rodolfo en La Bohème de Puccini, en el teatro de ópera de Reggio Emilia.  Luego grabará esa obra junto a su coterránea Mirella Freni dirigido por Herbert von Karajan, y lo cantará en La Scala dirigido por el célebre Carlos Kleiber, en 1979. El mundo deliraba.


Después, haciendo el Tonio de La hija del regimiento, de Gaetano Donizetti, junto a la soprano australiana Joan Sutherland, mostró sus facultades con esa dificilísima aria de nueve notas do de pecho, con lo cual The New York Times le dedicó su portada tras el concierto.

Después de eso, todo el repertorio lo reclamaba, al igual que los genios de la conducción del siglo pasado y el presente, como el austríaco Herbert von Karajan, quien lo elige para grabar antologías que hoy constituyen verdaderos tesoros de la humanidad entera. Hombre de agudos, fino, sensible, artista...
Cuando le nombraron, el 2 de junio de 1988, “Cavaliere di Gran Croce Ordine al Merito della Repubblica Italiana”, su patria reconocía sus bondades únicas.


Luego, junto con los españoles Plácido Domingo y José Carreras,integró el fabuloso proyecto de ‘Los Tres Tenores’. En paralelo, determinó que tenía que cantar junto con sus mejores exponentes, todas aquellas canciones que, por su calidad, estaban arraigadas en el alma popular de cada una de las culturas. Así, no dudó en subirse en el escanerio con ídolos pop como BB King, U2, Eros Ramazzotti, Elton John, Michael Jackson, Barry White; y con latinos como Caetano Veloso. 
Sabio, decidió retirarse, en la Ópera Metropolitana de Nueva York, el 13 de marzo de 2004 donde interpretó el papel del pintor Mario Cavaradossi en la ópera Tosca, de Giacomo Puccini.


Después llegó el cáncer en el páncreas que obligó al mundo a nunca dejarlo de llorar. El padre de cinco hijos, amante del fútbol y de la pintura, además de los caballos. Cuando el público universal prosigue de pie, aplaudiéndole, el tenor que honró a su colega, Caruso, en la canción de Lucio Dalla, vuelve a sonreír como un niño gigante, bello e inmortal.

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