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Actualizado hace 9 minutos

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Experiencia Panorama
06:30 AM / 14/09/2017
Isadora Duncan, chispa de la danza que nunca se apagó tras 90 años de muerte
Yesenia Rincón Castellano
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Tal como las figuras que dibujan las corrientes de agua en el mar: Brillante, incontable, inagotable y profundamente libre. Todo el mar y sus movimientos definen a Isadora Duncan, la bailarina que, como el viento y el agua, nadie puede sostener entre las manos y su danza es indefinible, pero genera esa sensación de paz y libertad que todo espectador admira.  

Ella misma en su autobiografía le encontró explicación a su forma de danzar "Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas". 

Hoy a 90 años de su absurda muerte, los maestros de danza la recuerdan como la que sigue siendo "la bailarina del futuro".

"Ella definió que la bailarina del futuro era aquella cuyo cuerpo y alma hayan crecido juntos tan armónicamente que el lenguaje natural de esa alma se convierta en el movimiento del cuerpo. Aquella bailarina no pertenecería a ninguna nación sino a toda la humanidad. Isadora hablaba de la bailarina del futuro, sin saber acaso, que su vida y obra cambiarían para siempre la historia de la danza, generando una de las primeras e importantes rupturas con el ballet clásico y abriendo paso al desarrollo de la danza moderna, dejando enseñanzas que no han perdido vigencia hasta nuestros días", explicó la maestra Sasha Vodjic, directora de la Escuela de Ballet Maracaibo.

“No bailará al modo de una ninfa, como hada, sino como una mujer en su expresión más alta y pura. Traerá al mundo el mensaje de los pensamientos y aspiraciones de miles de mujeres. La bailarina del futuro bailará la libertad de la mujer”, expuso con admiración Franklin Áñez, director de la Compañía de Danzas Típicas Maracaibo, una agrupación con más de 40 años de trayectoria.

Duncan, es bailarina de un futuro convertido en eternidad, nació en San Francisco, Estados Unidos, en 1878, y luego de tener una vida llena de penurias en su tierra natal, deciden  ella y su familia trasladarse a Europa, llegando primero a Londres y luego a París en el año 1900.

Realiza funciones privadas para sobrevivir, baila descalza, con un atuendo de túnicas al estilo griego, utilizando telones de fondo con grandes telas. Comienza  así su carrera, consolidándose su fama en Europa, América del Norte,  América Latina.

"Fue sencillamente única", califica Marisol Ferrari, maestra de danza contemporánea con casi 50 años de trayectoria y argumenta: "Su arte llegó  a influenciar entre otros a coreógrafos de la  talla de  Michael Fokine. Se identifica con la Revolución Rusa y acepta la invitación de Lenin para abrir su amada escuela  para niños en Moscú. No dejó método ni tratado sobre su danza. Ella limitaba su entrenamiento a una gimnasia muscular inspirándose en la naturaleza y el arte griego".

Pero además del arte que hoy por hoy admiran los maestros de danza en todo el mundo, su vida estuvo  llena de sufrimientos y tragedias.  Perdió a sus dos pequeños hijos en un accidente de tránsito y cayeron al río Sena en  París, donde se ahogaron. En su autobiografía, Mi Vida, se  describen todos estos hechos, con detalles.

"Su pensamiento revolucionario, su arte ligado al ser humano, a los niños sobre todo, marcaron una huella muy profunda en su  ser. En  el año  1927 muere trágicamente  al enredarse su extenso chal  en la rueda del auto en el cual  se embarcaba  para una aventura amorosa", cita Ferrari como parte de su biografía y concluye: "Sin duda, Isadora  fue quien prendió esa chispa que se convirtió en un fuego que hasta hoy día nos ilumina. En este momento de la historia de nuestro tiempo  nace  la nueva danza libertaria del siglo XX: La danza contemporánea".

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1Comentarios

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Pedro Reyes 14/09/2017 01:06 PM

Excelente historia. Luchó y duro como los buenos(as).


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