Publicidad

Actualizado hace 6 minutos

Publicidad
Publicidad
Publicidad
Experiencia Panorama
07:30 PM / 29/10/2019
Guanipa: No puede haber un nuevo CNE sin la Asamblea Nacional
Heilet Morales

"En la clandestinidad dentro de Venezuela". Ese camino eligió Juan Pablo Guanipa, quien conversó con esta Casa Editorial de su situación actual luego de que se le imputaran ocho delitos. "Nos toca actuar en medio de esa realidad que niega los derechos de presunción de inocencia, debido proceso y legítima defensa", agrega el diputado.

"Lo que existe en toda Venezuela, pero con mayor intensidad en el Zulia, es la desigual confrontación de un régimen perverso contra toda una sociedad que se siente asfixiada, desesperada, asqueada de los procesos de ineficiencia, corrupción e irrespeto al estado de derecho que nos han llevado a una tragedia impensable hace algunos años", agrega el diputado en respuesta a un cuestionario desde un lugar de la "clandestinidad en Venezuela".

En relación con la salida a la crisis del país, plantea que "no puede pensarse en un nuevo CNE sin la Asamblea Nacional, cuya designación es su competencia exclusiva. Hoy se está designando, nuevamente, un comité de postulaciones electorales. Y de allí saldrá un CNE que debe dirigir un proceso de elección presidencial. Acordar eso es destrancar el juego". 

— Desde dónde transitará está situación… ¿en la clandestinidad o en el exilio?

— En este momento y desde el jueves 24 de octubre me encuentro en Venezuela en situación de clandestinidad. En el transcurrir de los días iremos tomando decisiones. No es fácil enfrentar a un régimen que solo muestra avances en persecución y en el uso de las tecnologías para violar los derechos de los ciudadanos. En definitiva, yo opto por la clandestinidad dentro de Venezuela y trataré de mantener ese estatus.


— Se le imputaron 8 delitos ¿como se puede encarar esas acusaciones si muchísimos presos políticos ni siquiera saben qué delitos se le están imputado?

—Ocho delitos que realmente podrían imputárselos a quienes desde el poder han destruido a nuestro país. Ahora, estamos claros de que en Venezuela no hay estado de derecho y no hay justicia. Así que nos toca actuar en medio de esa realidad que niega los derechos de presunción de inocencia, debido proceso y legítima defensa, entre otros.


— Por los hechos del 30 de abril la mayoría de los acusados que fueron desaforados está en el exilio, pero otros hacen vida política en el país sin ninguna limitación, qué hay, una persecución a la carta de opositores y unos intocables para el Gobierno?

— En Venezuela no hay Constitución y no hay ley que valga. Lo único que vale es la voz del usurpador y sus cómplices. Ya está muy difundido el símil de la puerta giratoria para demostrar  que estos señores detienen y “liberan” a dirigentes de acuerdo a su conveniencia. Los diputados hemos tenido que tomar decisiones duras, cómo salir al exilio, el asilo o la clandestinidad. También varios han pasado por la cárcel. Cualquiera de estas opciones supone, en la mayoría de los casos, la separación de la familia y la cesación de la actividad política interna. Eso es inconcebible.  


— Ya son 23 los diputados a los que se le levantó la inmunidad, cuánto aleja esto una negociación con el Gobierno?

— Entiendo que mi caso es el número 26 y es el primer caso de nuestro estado Zulia. La negociación siempre es un mecanismo viable, en el marco de la democracia, para resolver los problemas de cualquier país. Pero esta no es una situación normal. Tenemos de frente a un régimen que sólo ha utilizado la negociación como un mecanismo para ganar tiempo. A este régimen no le importa la opinión del pueblo. Sabemos que en cualquier elección limpia serían barridos del poder. Pero ellos no respetan la democracia y prefieren alejarse de cualquier camino serio porque saben que perderían el poder ilegítimo que asumen. 


—    Es imposible no hacer un “Flashback” con su situación, ¿no cree que la oposición política suya de este tiempo ha podido liderarla en otra condición si hubiera asumido la Gobernación del Zulia?   

— Yo tenía toda la disposición de asumir la gobernación. Para eso me preparé, trabajé y fui electo por el pueblo zuliano. Por esa razón fui a juramentarme ante el Consejo Legislativo y ante un Tribunal. La respuesta fueron bombas lacrimógenas y perdigones en el primer caso y desplante e irrespeto en el segundo. Lo que yo no podía era reconocer a una farsa de Constituyente que ya había sido desconocida por el pueblo el 16 de Julio y por el mundo occidental. Con todo respeto por los gobernadores que decidieron reconocer a esa Constituyente, su situación los ubica en el peor de los mundos: no pueden hacer gobierno porque los han sustituido por protectores y consejos paralelos y no pueden hacer oposición porque perderían sus trámites administrativos ante el régimen. Si todos entendemos la naturaleza de este régimen dictatorial, quedarán justificadas mis acciones coherentes y sistemáticas en su contra.


— El Zulia atraviesa un momento de oscuridad, ni aún esta situación ha abierto las puertas para un mínimo de acuerdo político… ¿Qué pasa con nuestra dirigencia que ni el sufrimiento de la gente acerca a las partes?

— Aquí no hay partes. Aquí ni polarización hay. Lo que existe en toda Venezuela, pero con mayor intensidad en el Zulia, es la desigual confrontación de un régimen perverso contra toda una sociedad que se siente asfixiada, desesperada, asqueada de los procesos de ineficiencia, corrupción e irrespeto al estado de derecho que nos han llevado a una tragedia impensable hace algunos años. ¿Cómo haces cuando quienes asumen el poder han desbordado todas las barreras de la hombría de bien, de la decencia, del respeto y se niegan a que sea el pueblo el que tenga la última palabra? Desde nuestro espacio en la Asamblea Nacional hemos estado dispuestos a cualquier acción que libere al pueblo de la situación en la que todos nos encontramos, pero nunca podría haber una liberación mientras los causantes de este desastre se mantengan por la fuerza en el poder.


—    América Latina, Chile, Ecuador, Argentina tiene a la gente movilizada en las calles exigiendo cambios… En Venezuela el drama social es superior y la calle está desmovilizada, ¿qué ocurre, desgaste, desesperanza, miedo? 

— Yo debo reconocer a nuestros ciudadanos venezolanos. Los venezolanos hemos hecho todo lo necesario para librarnos de este desastre y de sus causantes. Y es cierto que la lucha por la subsistencia y la certeza de la represión ha generado en nuestra gente una importante desmovilización. Pero yo estoy seguro de que, a pesar de esas circunstancias, la gente saldrá de nuevo a la calle cuando tenga la convicción que que esa presencia es necesaria y útil para darle fin a esta dictadura. En otras palabras, la gente necesita saber que su riesgo de salir a la calle va a lograr resultados positivos en la liberación de nuestra nación. Nos toca a los dirigentes generar, de nuevo, la confianza y la convicción de que eso va a ser así. La lucha debe ser hasta triunfar. 


—    El contexto de la región comienza a desalinearse con la estrategia del 23 de enero, los casos de Argentina y México este año, más las crisis de Chile, Perú, Ecuador, por ejemplo, debilitan al Grupo de Lima, tendrá la capacidad la oposición de resetear su estrategia, al menos internacional?

— La estrategia internacional tiende a que sea reconocido en todo el mundo que en Venezuela estamos frente a un régimen dictatorial y que necesitamos incrementar los mecanismos de presión mundial que permitan que logremos una solución a esta crisis. Los países del mundo deben responder a la democracia y a la institucionalidad antes de hacer acuerdos basados en ideologías o comanditas de intereses. Fíjate que no he visto en el México de Lopez Obrador un cheque en blanco a Maduro. Tampoco creo que vaya a pasar con la Argentina de Fernández. Es posible que Uruguay con su segunda vuelta pueda darnos un nuevo aliado para la democracia. Pero los casos de Perú, Ecuador y Chile deben servir de alarma. La izquierda –y perdóname que generalice, lo cual no es justo porque hay izquierda democrática– debe hacer un profundo proceso de reflexión de si quiere ganarse el apoyo popular o quiere arrebatar el poder. La democracia, el Estado de derecho y el respeto a la institucionalidad deben ser la base de cualquier operación internacional. Y desde esa perspectiva, nosotros hemos hecho lo correcto. 


—    El otro lado opositor, el que dialoga con el Gobierno, asegura que avanza para un nuevo CNE, ¿qué posibilidades tendrá este Parlamento de ponerse de acuerdo en esa materia?  

— Ese “otro lado opositor” no es realmente oposición. Es un grupo de personas con muy poca representatividad que están dispuestos a decirle amén a lo que diga Maduro. Digamos que es una “oposición convenida” que está acordada en función de intereses subalternos y en contra de los intereses del país. No puede pensarse en un nuevo CNE sin la Asamblea Nacional, cuya designación es su competencia exclusiva. Hoy se está designando, nuevamente, un comité de postulaciones electorales. Y de allí saldrá un CNE que debe dirigir un proceso de elección presidencial. Acordar eso es destrancar el juego. Pero eso no es lo que quiere la dictadura y en eso no podemos conceder. Maduro es ilegítimo y resolver esa situación sería la gran solución para Venezuela. El gran problema es que este régimen le tiene miedo a la voluntad del pueblo libremente expresada en los votos.


—    El expresidente Ricardo Lagos aseguraba recientemente que cuando les tocó negociar con Pinochet ellos solo tenían en sus manos haber triunfado en el plebiscito, nuestra oposición tiene a la AN, pero resignó capital con la Gobernación del Zulia, la posibilidad de cientos de alcaldías del país, mucho músculo político han dejado en el camino…

— Aunque no soy profundo conocedor del caso chileno, me atrevo a decir que Pinochet fue a ese plebiscito porque tenía la certeza de que iba a ganar. El resultado electoral, aceptado por la presión militar, fue el detonante para que Chile se democratizara. Nosotros tenemos la Asamblea Nacional y tenemos el apoyo popular de una ciudadanía que exige un cambio. Lamentablemente, en medio de un país signado por el totalitarismo, no es posible que una alcaldía o una gobernación te den nada de fuerza porque las han vaciado de competencias y recursos. En Venezuela debe aflorar la fuerza de los venezolanos y el apoyo mundial para lograr que se concrete en cambio. 


— Por qué la situación política del país no decanta en lo que la lógica política indica… ¿una crisis como está tendría que abrir canales de negociación para encender luces?

— Porque no existe negociación que no culmine en una elección libre y a eso le tiene pavor la dictadura. ¿Negociación para que ellos se mantengan en el poder, sin apoyo popular y destruyendo al pueblo venezolano? ¡Eso no existe!

¿Te gustó la nota?
Publicidad
TOP 5 DE NOTICIAS
Publicidad
AVANCES
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
TOP 5 DE NOTICIAS
MAS NOTAS DEExperiencia Panorama
Ver más