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Experiencia Panorama
08:00 AM / 04/04/2018
El voto en blanco: Una expresión política prohibida en Venezuela
Jean Lucas Bello
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Referencial

En tiempos de elecciones las organizaciones políticas se movilizan para enamorar a la población con mensajes cargados de propuestas. No obstante, existen ejemplos en América Latina de cómo los ciudadanos ejercen su derecho al voto pero utilizando el recurso del voto en blanco, es decir, eligiendo a ningún candidato. Una opción que en el país es negada por parte del sistema electoral.

La tradición democrática en las últimas décadas señala que en los momentos de elecciones, las personas tienen que elegir a una opción política representada en una cara, una voz, un mensaje, en una persona. Dependerá del contexto para seleccionar el ganador de esa contienda, pero siempre cumpliendo con el derecho al voto. Sin embargo, en algunos países el desgaste político por parte de los “eternos” partidos alimenta la opción de votar, pero por nadie.

En las últimas elecciones parlamentarias en Colombia, la opción de voto en blanco obtuvo 835.445, según la Registraduría Nacional del país vecino, un número que si se lo regalamos a cualquier candidato para una elección regional en el Zulia, podría alcanzar la gobernación. Es decir, más de 800 mil personas están indignadas con la clase política, pero que sin abandonar su derecho al voto, expresa su descontento de manera civilizada.

El politólogo colombiano, Gilberto Tobón Sanin indicó la diferencia con el voto nulo: “Cuando uno vota en blanco, desde el punto legal o constitucional en Colombia, eso significa que ninguno de los que se presentaron en esta contienda electoral sirven. Si el voto en blancoganaría se tendría que repetir las elecciones sin los mismos candidatos, imagínese que dicha”.

“El voto en blanco es un candidato más, es el candidato de la dignidad”, aseguró Tobón Sanin quien reconoce que esta opción política tiene muy pocas probabilidades de ser el más votado durante cualquier comicio.

“Mi nombre es Esperanza Marchita. Soy de Chihuahua, tierra de mujeres que se han hecho fuertes a base de luchas y abandonos. Tengo 23 años, la juventud me invade tanto como las ganas de participar. Quiero contarles el origen de mi nombre y por qué deben de escribirlo en la boleta electoral, si quieren anular su voto”, así se describe la primera candidata ficticia en unas elecciones de México.

 

 

cortesía 

 

 

 

El centro de investigación y capacitación, Somos Propuesta Cívica, promovió el voto por Esperanza Marchita, una candidata no registrada para la contienda electoral que en el 2009 alcanzó el 5,7% de los votaciones, para unas legislativas en México, de acuerdo a la cifras oficiales del Instituto Nacional Electoral.

 

“Si usted quiere tachar la boleta en favor de un candidato en vez de anular su voto o de votar por “Esperanza Marchita”, hágalo. Está en su derecho. Piense, sin embargo, en que probablemente jamás volverá a ver al diputado por el cual votó porque -en este sistema democrático trunco y parcial- usted no le importa. Él o ella dirá que lo representa cuando en realidad no podrá hacerlo”, se describe en un panfleto que tiene por nombre por qué votar por Esperanza Marchita.

En esos países el proceso no es digital, el mecanismo es a través del voto manual que opera con la marcación de la foto del candidato que desee seleccionar. En el caso de México bajo esta iniciativa las personas marcaban el nombre de Esperanza Marchita en una esquina de la boleta electoral. Mientras que en Colombia sencillamente no se marcaba ninguna opción política y se depositaba la boleta a la caja.

Estas situaciones ocurren cuando existe un creciente desencanto por la política y por sus partidos. Aunque son las asociaciones ciudadanas que oponiéndose a la abstención, consideran que mediante el voto en blanco se castiga a toda la clase política aspirante a llegar al poder.

El sistema electoral venezolano no reconoce la figura del votar en blanco. El Consejo Nacional Electoral asume que los votos nulos se deben exclusivamente a un error por parte del elector al momento de ejercer su selección. Adicionalmente, no existen organizaciones civiles que tomen la iniciativa de hacer campaña por el voto en blanco debido a la penalización de estas acciones.

El presidente Nicolás Maduro insinuó que en las parlamentarias del 2015 hubo un “fraude electoral” por el gran número de votos nulos registrados (686.119, un 4,77% de las personas que participaron). El ex rector del CNE, Vicente Díaz señaló en ese momento, que “un alto número de votos nulos no es motivo para impugnar la elección de un diputado. Ese tipo de sufragios no puede considerarse parte de un fraude, pues incluso pueden constituir una opción para los electores”, reconoció.

Durante las elecciones de la Constituyente, el tema del día, entre muchísimas cosas, fue el debate interno sobre votar o no en esa contienda electoral. Algunas personas en las redes sociales de manera prudente, en medios del caos social de las guarimbas, propusieron diferentes mecanismos de saboteo del proceso como votar nulo.

El articulista Luis Fuenmayor Toro suscribió: “En general, el voto nulo se supone algo involuntario, es un error del elector. Para el CNE, el elector vota mal y en consecuencia le anulan el voto. Hay un número de votantes a quienes normalmente les ocurre esta situación, la cual está estudiada y se sabe aproximadamente a qué proporción de electores afecta”

En consecuencia, es la tradición electoral en Venezuela la culpable de que los partidos políticos se nieguen a promover la abstención de manera directa. En las últimas contiendas electorales para elegir a los alcaldes del país, organizaciones como Primero Justicia, Voluntad Popular y Acción Democrática no quisieron participar, pero en las declaraciones de sus voceros nunca se les escuchaba la palabra “abstención”, solo indicaban que no iban a formar parte de un “fraude” electoral.

Votar es un derecho que se debe ejercer de acuerdo a los principios democráticos, pero para el sistema electoral venezolano ese derecho tiene que ser representado por el nombre de algún candidato por obligación, impidiendo la expresión política de aquellas personas que se sientan inconformes con las candidaturas presentadas a una contienda electoral y los partidos políticos.

Las próximas elecciones presidenciales en Venezuela se celebran el 20 de mayo y según estudios de opinión de Datanalisis solo el 41% de los venezolanos quieren votar, es decir, el otro 59% mantiene un descontento generalizado con los partidos políticos que no puede expresar debido a su desconfianza con el sistema electoral que, además, no le permite expresar su molestia a través del voto.

 

 

 

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