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Actualizado hace 274 minutos

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Experiencia Panorama
10:31 AM / 09/10/2017
El volcán "sanador" del Totumo
Luis Aguirre
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En 20 años el volcán del Totumo ha ganado más notoriedad entre los turistas que llegan a Cartagena; incluso de aquellos quienes arriban desde Barranquilla.  La jacuzzi de lodo se encuentra  ubicado en la zona rural del municipio de Santa Catalina (Bolívar), en frontera con el departamento del Atlántico. 
El camino, que se realiza bordeando el mar desde Barranquilla, va mostrando verde por doquier; desde Puerto Colombia a los corregimientos de Loma de Arena, Galerazamba y Pueblo Nuevo. Sorprenden los nuevos centros turísticos que se han puesto de moda para pasar el fin de semana o realizar eventos corporativos, e innumerables festejos. 
  
Desde la carretera, en un trayecto de 45 minutos, no se logra divisar en todo su esplendor al volcán, vayas de Barranquilla o Cartagena. Sin embargo, si está acompañado por un guía o un lugareño, estará atento a descubrir la boca del cráter, justo en el momento que la laguna del Totumo hace su presencia. 
En la autopista ruta nacional 90A aparecen solo dos grandes letreros señalando el lugar. La entrada es una loma  de arena y asfalto. En un abrir y cerrar de ojos aparece en la inmesidad de la laguna lo más parecido a  uninmenso hormiguero, a 15 metros sobre el nivel del mar.  El volcán se formó por gases que emanan de la tierra y está lleno de lodo de sales minerales.

“En Colombia está creciendo mucho el turismo ecológico”, advertía una vendedora de paquetes turísticos, quien acompañaba a un grupo de estadounidenses. Al pisar el pie del volcán debes pagar 10 mil pesos. Te dan un ticket y puedes subir. Sin darte cuenta desde que te bajaste del carro, ya una persona  te ha puesto el ojo para ser tu guía. Amablemente se presentan y te anuncian las recomendaciones. No permiten llevar morrales ni bolsos. Solo lo esencial: bañador, chanclas y teléfono (si quieres tomar fotografías). 

Haces una pequeña cola mientras otros disfrutan del lodo. Te permiten estar,  máximo, entre 15 o 20 minutos en el lodo, compuesto por 51 sales o minerales como azufre, yodo, potasio, calcio, hierro y magnesio. 


En la espera, los turistas van desnudando su nacionalidad desde el acento: Brasil, Argentina, China, España y Estados Unidos.
Según el último informe de la Corporación de Turismo de Cartagena, el turismo in­ternacional en la ciudad ha crecido anualmente en un 13% durante los tres últimos años, situándose tres puntos porcentuales por encima de la tasa de crecimiento pro­medio anual del turismo ex­tranjero en toda Colombia, que ha sido de 9,6%.
“El barro se ha convertido en el atractivo más buscados además de las islas”, apunta el estudio.
 A unos 2.200 metros de profundidad hay una falla geológica en la que se descomponen desechos orgánicos, que luego se convierten en sales mineralizadas, como el azufre, y  en gases, como el metano. “Este último es el agente encargado de traer el lodo a la cima en burbujas; lentamente se va llenado la superficie con barro volcánico de dichos componentes naturales”,  explica  Camilo Caballero, guía del lugar.

Los principales  beneficios: extraer las impurezas de la piel, mejora la circulación sanguínea, dolencias reumáticas y sirve para  combatir el estrés. “También ayuda cuando se sufre inflamación y dolores de cabeza, agrega Camilo.

El barro, o lodo, es denso, moverse es más difícil que en una piscina, por eso al poco tiempo uno descubre que lo mejor es quedarse quieto y relajarse.

Un poco de barro en la cara untado con la mano no basta, por eso es mejor sumergirse para que la totalidad del cuerpo se empape y no se consigue solo con impulsarse, es necesario agarrarse de una de las orillas y hacer mucha fuerza hacia abajo; al salir es mejor no abrir los ojos hasta que no se limpie un poco. Los oídos también se tapan por unos instantes y se incrementa la sensación de vulnerabilidad.
La foto para el recuerdo es impresionante, pocos podrán reconocer al retratado, que aparenta un maquillaje de efectos especiales, más impresionante aún cuando abre los ojos o la boca, y peor si se abren al mismo tiempo.

Una cuadrilla de lugareños  se ofrecen para hacer un masaje relajante, simepre hay que preguntar si tiene un costo adicional. Aunque ellos te animan a aceptar sin costo alguno,  hay personas que se resisten y  deciden solo flotar completamente como si se acostaran sobre el barro, y algunos también juegan a las estatuas vivientes.

El barro es cada vez más cómodo, no toca sino que acaricia, esporádicamente se siente que sube una ola de calor que empieza en los pies y termina en la cintura; una burbuja gigante explota en la mitad de la piscina y los turistas ríen con picardía.

 

El guía hace seña que se terminó el tiempo.  Afuera hay una persona especializada en quitarle el barro a las personas, bueno, en realidad a las mujeres, porque cuando un hombre se acerca le dicen que lo haga solo. 
Salir del cráter cuesta trabajo, el cuerpo lleva fácilmente 20 kilos de barro encima, que por seguridad en el descenso de las escaleras es mejor retirar. Si no te pones la pilas, terminas mostrando el trasero o el pecho. 


 Los peldaños se bajan muy lentamente, tomando las barandas hasta el final. Para quitarse la totalidad del barro es necesario bañarse en las cálidas aguas de la Ciénaga del Totumo, que queda a pocos metros. El lodo sigue cayendo, pero hay que sacudirse muy bien por todas partes; los niños que ofrecían el masaje ahora se encargan de colaborarle en el baño a una señora; la sensación es  de descanso y relajación total, la piel respira y el cuerpo vuelve a su peso normal. Lo mejor para finalizar esta experiencia, es disfrutar de alguno de los manjares de la comida típica que ofrecen en el lugar.
Las personas que se meten al volcán son las que pueden decir lo que se siente antes, durante y después de salir.  Más de 1.533 excursionistas al mes viven la experiencia. “Siempre nos imaginamos un volcán incandescente, con su lava ardiente, que es una modalidad clásica de los volcanes, pero también está el volcán frío, como este”, cuenta la argentina Consuelo. Contrasta con lo que leyó su compañero Néstor: “Dice la leyenda  que el Totumo una vez fue un verdadero volcán activo, hasta que un sacerdote ‘domó’ el ardiente monte y transformó la lava fundida en una caldosa invención de minerales beneficiosos”.


Mientras la española María Pilar solo intenta pasar más tiempo dentro del volcán para que su piel absroba todos los beneficios y regresar a la Madre Patria con todo el esplendor del Caribe colombiano.

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