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Experiencia Panorama
09:00 AM / 05/08/2017
El lado poético de Marilyn Monroe
Alexis Blanco
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Archivo

Aún huele su cuarto a Chanel número 5 y son muy pocas las damas de esta era suya que se mantienen ajenas a lo que fue un estilo indiscutible de glamur y belleza, una esplendente llama rubia que se apagó, 55 años, en circunstancias  oscuras,  pero muy reveladoras: El poder es asexuado.
Un “cangrejo policial” que ningún agente del FBI de Edgar Hoover pudo explicar. Su leyenda guía la mirada hacia esa inconveniente relación con el presidente John F. Kennedy, mientras que otras hipótesis la “suicidan” por su turbulenta vida amorosa, así como el insoportable hastío del estrellato. 

No será intención de esta ofrenda a Marilyn indagar en esos asuntos que tantas páginas han vendido, tanto de la prensa rosa como de las editoriales amarillistas. Hoy resulta prioridad establecer los profundos vínculos de la rubia con el mundo de la contracultura norteamericana de su época (¡vaya paradoja!). Que esa visión de la “rubia tonta” esconde la caja de Pandora que, en esencia, fue Marilyn: lectora inquieta y voraz, desde los clásicos de la literatura universal hasta los “outsiders” de esa fauna estética que formateó la vida intelectual y artística de los EE UU.


Una actriz de profundo registro, según destacara su maestro, el fundador del Actor’s Studio, Lee Strasberg. Marilyn, flor de poeta de esclarecidos ecos: Vida: Soy como tú contradictoria / más viva con la escarcha / resistente como una tela de araña al viento / colgando boca abajo casi siempre / aguantando de alguna manera / esos rayos condensados reflejan los colores / que he visto en los cuadros / ay vida / cómo te han engañado/ más delgada que un hilo de una tela de araña / más pura que ninguna / pero se sostuvo a sí misma / se agarró con fuerza durante el vendaval / se quemó en las crepitantes llamas /vida / algunas veces / soy contradictoria como tú / de alguna manera aguanto colgando boca abajo la mayor parte del tiempo / mientras tus fuerzas contradictorias tironean de mí”. Bella, no tonta. En 1955, la fotógrafa Eve Arnold muestra a una muy concentrada lectora del Ulyses.


El poeta de Nicaragua, Ernesto Cardenal, leyó en el Teatro Baralt, 30 años atrás, su monumental Oración a Marilyn: “Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times) / ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo / y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas. / Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras. / Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno / pero también algo más que eso...”.

Interviene el bloguero Jesús Aguado: “A Marilyn, creo, no hay que medirla, a la hora de leer sus versos, con la historia de la literatura sino con la historia de la adolescencia, otro territorio de dudosa existencia, y con la historia del naufragio. Marilyn Monroe fue, escribiendo, una niña que pierde el flotador y grita pidiendo ayuda, no una profesional de la escritura dialogando con una tradición y sus cimas. Su existencia dudosa de mujer devorada y asfixiada por su imagen era normal que se encontrara comprendida, en ambos sentidos, en la dudosa existencia de la poesía, esa hidra maternal que también se alimenta de imágenes. Me atrevo a sugerir que la poesía le hubiera venido mejor que el cine o que las pastillas recetadas por los médicos para existir feliz dentro de su duda, para dudar de su existencia sin renunciar a la felicidad. Algo de eso se entrevé en los poemas que se reproducen a continuación, pero aquí detengo el libre curso de mis intuiciones para no convertirme yo también en otro de los muchos que se han fabricado una Marilyn íntima a costa de la  de verdad”.
Bella, la rubia, consolando Al sauce llorón: “Me paré bajo tus ramas / hasta que floreciste /y te abrazaste a mí / y cuando el viento desató / la tierra / y la arena / te abrazaste a mí”.
Todos querían y soñaban con abrazar a la hija incidental del viajante noruego Edward Mortenson y de Gladys Pearl Baker, cortadora de negativos en RKO, quien dio a luz a una hermosa niñita, el primero de junio de 1926, en Los Ángeles. La nombró Norma Jean, en tributo de admiración a las actrices Norma Talmadge y Jeane Harlow.

Quienes abren YouTube y buscan la canción de Miguel Ríos, escuchan: “Marilyn Monroe se sentía tan sola / cada día en el espejo más de dos horas. / Marilyn Monroe nunca contesta / siempre una pregunta será su respuesta.../ ¡Marilyn Monroe que nunca logra dormir / a veces ni con píldoras / lo puede conseguir...! Marilyn Monroe cuando matan a su perro / ya sabe que nadie irá a buscarla al colegio. / Marilyn Monroe que no busca joyas / para ella tienen más valor otras cosas... ¡Marilyn Monroe que nunca logra dormir / a veces ni con píldoras lo puede conseguir...! Un policía la intenta violar / (algunos opinan que lo conseguirá). / También su tío lo intentará / pero un mal marido, virgen la declarará... ¡Marilyn Monroe que nunca logra dormir / a veces ni con píldoras / lo puede conseguir...! Marilyn Monroe se ha suicidado, / aprieta el teléfono entre sus manos. / Marilyn Monroe ya está en el depósito / y los mercaderes hacen de ello un negocio... ¡Marilyn Monroe que nunca logra dormir / a veces ni con píldoras / lo puede conseguir...!”.


A los 19 años, Norma Jeane  se presenta en Hollywood como Marilyn Monroe, el cual registraría como una firma particular. Pronto aparecía en películas de Twentieth Century-Fox, tales como La jungla de asfalto (1950), y Eva al desnudo, de ese mismo año. En 1952 le llega su primer protagónico, Don’t Bother to Knock. Después vendrían Los caballeros las prefieren rubias (1953); Cómo casarse con un millonario (1953), y La comezón del séptimo año (1955).
Su paso por el Estudio del Actor, en Nueva York, en 1956 resulta magnificada por su actuación en Bus Stop. Luego fundaría, junto con el fotógrafo Milton Greene,  la Marilyn Monroe Productions. Con la película de Billy Wilder, Some Like it Hot, de 1959, ganó un Globo de Oro a la mejor actriz de comedia o musical. Después haría Let's Make Love y The Misfits, ambas de 1960, escrita por Arthur Miller, uno de sus tres maridos, los otros fueron el beisbolista Joe DiMaggio y  James Dougherty.

Pero fueron los sendos “affaires” con los hermanos Kennedy, Bobby y John, lo que puso en jaque su vida misma, segada “por una sobredosis de barbitúricos”, el 5 de agosto de 1962. También se habló de mala praxis médica.
Como legado sembró este poema: “Canción triste: Tengo una lágrima colgando / sobre mi cerveza / que no termina de caer. / Está mal que / me sienta morir / cuando contemplo lo que he vivido. / Un mínimo alivio /  a tamaño dolor / sería suficiente / como clavo ardiente / al que agarrarme. / Es estupendo estar vivo. / Me dicen, sí, que soy afortunada por estar viva / ¡pero es tan difícil sentirlo / cuando todo / me hace daño!”.

Ora Cardenal: “Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes. / Para la tristeza de no ser santos /se le recomendó el Psicoanálisis. / Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara / y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena / y cómo se fue haciendo mayor el horror / y mayor la impuntualidad a los estudios”.

Esta reina del escote halter, que luce cuando ella lucha para que el viento no la desnude; esa mujer que convirtió su cuerpo en templo sagrado donde los rollitos causaban furor sexomaníaco; el desenfado con el que lucía sus atuendos, sencillos pero perturbadores como un poema de Blake; esos labios, rojos,  cada camisa blanca de seda, con el toque de locura que desbarranca trenes; sus mohínes de catira buenota y diabólicamente cándida:

“Ay maldita sea, me gustaría estar muerta /absolutamente no existente /ausente de aquí de todas partes / pero cómo lo haría / Siempre hay puentes/ el puente de Brooklyn / Pero me encanta ese /puente (todo se ve hermoso desde su altura / y el aire es tan limpio) al caminar parece / tranquilo a pesar de tantísimos / coches que van como locos por la parte de abajo. / Así que tendrá que ser algún otro puente / uno feo y sin visitas / salvo que me gustan en especial todos lo puentes / tienen algo… / y además nunca he visto un puente feo”. Sí, aún huele a Chanel número 5. 


 

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