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Experiencia Panorama
05:35 PM / 01/10/2017
Conozca la historia del hombre que nació sin extremidades
Ítala Liendo Luzardo
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Agencias

“Tanto que te lloré y ahora me regalas risas, tantas alegrías, hijo”. Esa frase resume cómo se siente y palpita el henchido corazón de Hermelinda Silveira, una aguerrida mujer. Madre de un niño que nació sin extremidades.

Cuando esperaba a su tercer hijo, a Jesús Gregorio, recibió una noticia que la llevó a vivir todos los sentimientos encontrados, pero que sacaron lo mejor de su fibra maternal. 

Entraba en el sexto mes de gestación y tocó ir a realizarse un examen de control. Corrían los primeros meses de 1991. Hermelinda entró a consulta y la doctora le dijo: “Señora, veo acá que su niño no tiene brazos, ni piernas”

—  ¿Está segura, doctora? 
— Sí.   No creo que el niño nazca vivo. Puede abortar, si así lo decide.
Hermelinda, con el corazón desgarrado y llena de mil dudas,    respondió: “No, doctora. Buscaré otra opinión. No soy quien para acabar con la vida de nadie, menos de un hijo mío”.

La mujer, quien ya era madre de Ramón y Alexandra, de 8 y 7  años, se llenó de aplomo y visitó el Hospital Luis Razzetti, de Barcelona. Allí le confirmaron el diagnóstico, fueron más optimistas con el futuro del bebé y la dejaron hospitalizada hasta dar a luz. 

Tres meses rezó y aguardó Hermelinda el nacimiento de Jesús Gregorio, quien vino al mundo el 4 de mayo de 1991. ¡Nació! El llanto fuerte del bebé enterneció los corazones de su madre y médicos. En ese momento, lo dicho por aquella doctora terminó de caer en tierra infértil.

El segundo nombre del niño fue en agradecimiento   al Dr. José Gregorio Hernández. A Dios y al médico de Isnotú, Hermelinda le rezó durante los últimos meses de  la gestación.

Jesús Gregorio padece el síndrome Tetra-amelia. Es  llamado también autosómica recesiva tetraamelia y está clasificado en el grupo de las enfermedades raras. Se caracteriza por la ausencia, al nacer, de las cuatro extremidades como resultado de un trastorno congénito autosómico recesivo causado por una mutación en el gen Wnt3, describen especialistas el Diario de las Américas.

Según el estudio Defectos de Nacimiento, Vigilancia e Investigación, elaborado por   Bermejo-Sánchez, y que data del 2011, “el síndrome de Tetra-amelia, cuyo nombre viene de las palabras griegas “tetra” que significa cuatro y “amelie” que significa falta de brazos o piernas, afecta aproximadamente 1 de cada 71.000 embarazos”.

Hermelinda, pocas horas después del parto,   tras conocerse el resultado de unos exámenes realizados a su bebé,  escuchó  otra noticia que la desanimó, pero no la derrotó: “El niño, por su condición, tiene un soplo en el corazón. Puede morir en un mes”.

Hermelinda viajó   a Puerto Ordaz, con el apoyo de especialistas de la Universidad de Oriente, núcleo Ciudad Bolívar. Varios exámenes practicaron al corazón de Jesús Gregorio y no fue detectado soplo alguno. 

—“El soplo desapareció”, dijeron a la pareja. ¿Qué pasó, señora?, preguntaban extrañados los galenos  a Hermelinda.

Veintiséis años después, Jesús Gregorio es conferencista motivacional y abogado. Egresó de la Universidad Santa María, núcleo Oriente, con sede en Puerto La Cruz, donde recibió su título en febrero de 2016. 

“Gracias a un señor, un árabe, conseguí una beca. Le agradeceré siempre  su ayuda”, manifiesta a través del hilo telefónico a PANORAMA desde su casa en oriente.

 A jóvenes y niños lleva, desde hace un año, su mensaje “Si yo puedo, tú puedes: Cero excusas”.

 — “Soy un milagro de Dios”, señala convencido Jesús Gregorio.

Tiene formación cristiana y acude al Ministerio Internacional Visión Al Mundo, en Puerto La Cruz. 

Su vida la expone sin complejos, con alegría, y así la ha compartido en Valencia, El Vigía, Cumaná, Lechería, San Tomé,  Pariaguán, Morichal  y El Tigre.

Los jugadores del Carabobo FC  sub 14 fueron los primeros en escuchar su mensaje de fe y esperanza, en septiembre de 2016. 

Para con Hermelinda, el corazón de Jesús late agradecido todos los días: “Es una  extraordinaria mujer,   que ha sacado adelante a sus cuatros hijos (el menor se llama Daniel) y ha cumplido el rol de madre y padre. A mi mamá le agradezco tanto  que haya estado conmigo en todos los momentos. En estos 26 años ha llevado mi silla de ruedas, ha sacado una gran fuerza para no decaer antes las adversidades de la vida y pese a las olas negativas de la vida ha seguido luchando por cada uno de nosotros. Mi madre   ha sido el pilar fundamental de mis sueños,  de mis metas,  ha sido el motor de mi vida...  sin sus fuerzas y su voluntad no hubiese alcanzado mis sueños”.

Desde niño, Jesús Gregorio ha sido aplicado a los estudios. Su niñez transcurrió en el caserío Urucual, al norte del estado Anzoátegui. Estudió la primaria en la escuela Caigua, Al egresar de sexto grado, gracias a una ayuda ofrecida por  trabajadores petroleros, la familia consiguió   una casa y se  mudaron  a Puerto La Cruz.

 — “Trajeron a un indio a la ciudad”, afirma y se ríe.

 Los estudios de secundaria transcurrieron entre los liceos Antonio José Sotillo y Tomás Alfonso Calatrava.
 “Los niños, por su edad, me miraban como ser extraño, pero nunca fui     rechazado. No sufrí  por bullying”, señala.

 “Me gustó estudiar inglés, geografía y castellano. Con ‘las 3 Marías’ no me fue bien, pero no fui a reparación”, agrega.

“Me gradué de bachiller y como abogado con 16  puntos”, apunta.

“Mis compañeros me apoyaron  en la universidad, el primer día, reconozco que fui con un poco de temor, pero la coordinadora de derecho, Mirta Salazar, me presentó  en el aula ante unos  100 estudiantes, quienes me aplaudieron. Ahí entré en confianza”.

“Vivo con humildad y alegría. La clave para ser feliz es poder disfrutar la vida como Dios nos envía al mundo”, afirma Jesús Gregorio. 

Su caso  es similar al del australiano Nick Vujicic (Melbourne, Australia, 4-12-1982).  También es orador motivacional.

— Qué pasaría con ese soplo que te detectaron al nacer y desapareció, Jesús?

— “Dios,  el (río) Caroní y el (río) Orinoco me curaron”, dice en sus charlas.
     “He sido un joven sano. Como de todo. Me encanta el pabellón que hace mi mamá, y de la comida en la calle me gustan las pizzas y las  hamburguesas”.

Su humor es otra carta de presentación. En Instagram  dice que se parecía,  en la niñez y gracias a un corte de cabello, a Servando Primera. En otra, tomada en un estadio, con un bate dice:   “Ya estoy estirando calentando y soltando el brazo para que el mejor equipo de la liga me llame para firmar contrato. Por supuesto ya  saben que les hablo de  Navegantes del Magallanes”.

Verlo graduado, haciendo lo que le gusta, siempre rodeado de amigos, de afecto, enorgullece a Hermelinda. “Vive con ese celular.  Son las 11:00 de la noche, 12:00 (medianoche) y le digo: ‘Hijo, hasta cuándo hablas, duerme”.

—Sí, me escriben mucho”, dice, entre risas, Jesús  Gregorio. 
—Trato de responder, de leer   y aprovecho  para actualizar  mi cuenta en Instagram (@abgjesusmedina). 

Tiene una conexión   con el agua y el sol.  El Paseo Colón de Puerto La Cruz y la playa son sus  sitios preferidos.  En el primero, “me lleno  de energía”.  “En la playa es donde  puedo encontrar la paz cuando me siento agobiado por los problemas, donde recobro  el ánimo y donde vuelvo a maravillarme  con lo hermosa que es la vida y  la grandeza del  Maestro que creó tantas bellezas”.

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1Comentarios

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Pedro Reyes 02/10/2017 04:36 AM

Puuuuf! Que va! Comento sentado, pero tuve que leer la noticia de pie, es que lo hice por el respeto a alguien que me hizo sentir insignificante en ese mundo.


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