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Actualizado hace 26 minutos

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Experiencia Panorama
09:14 AM / 02/10/2017
Anabella Arcay, mujer con aroma a chocolate
Sabrina Machado/samachado@panodi.com
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Archivo

Con nueve años el emprendimiento se abría paso ante ella. Quizás no conocía a ciencia cierta su real significado ni lo que implicaría en su vida futura. Muñequitos de trapo, tarjeticas para eventos religiosos, cinturones de cuero, dulces, detalles elaborados en madera vieron vida entre sus manos, hasta que el chocolate cobró su magia y acaparó toda su atención y esencia. Anabella Arcay disfruta de 39 premios internacionales y se enorgullece de jamás haber pisado una escuela de postres o haber copiado una receta.

 

Los olores y las mezclas fueron cobrando vida en el primer piso de su residencia, en el este de Caracas, al lado de los primeros pasos de su segundo hijo o de la curiosidad de su primogénita, quien hoy le hace recomendaciones que hasta resultan ganadoras de premios en otras latitudes americanas y europeas, como el bombón con romero y sal, reconocido con la medalla de oro de los International Chocolate Awards.

 

Esta mujer que entendió desde muy joven que no trabajaría para nadie, y daría rienda suelta a su imaginación, comenzó en una mesa de un metro de largo y con tres kilos de chocolate fiado. Una década después la fábrica casi que obligó a un redimensionamiento de la vivienda familiar, donde el espacio principal ha quedado signado para los aromas propios del cacao.

 

Entre risas la mujer recuerda que el chocolate llegó a  su vida casi por sorpresa, sin habérselo propuesto e incluso de imprevisto y a empujones, propios de la camaradería entre amigas, ya que fue una persona muy cercana a ella quien la inscribió en un curso de pocas horas, que dictaría un experto internacional en Caracas. Solo 48 horas bastaron para abrir paso a un nuevo camino.

 

Los bombones Arcay tienen 10 años en el mercado.

 

Confiesa que al principio no vio con buenos ojos el acercarse al área chocolatera. La estética era una razón para mantenerse alejada. El gusto por esta fusión de aromas y sabores y la constante tentación que significaría el trabajar con uno de sus placeres privó a la hora de decidir, en un principio. Hoy, en el matrimonio que implica este delicioso dulce y su artista existe un acuerdo estético preconcebido, que elimina las culpas y abre el placer al paladar.

 

Varios fueron los rubros trabajados por Arcay en su ruta de emprendimiento y, después de intentar con varias áreas, descubrió que “es más fácil llegarle al público con la comida”, revelación que tuvo en medio de un momento personal muy difícil, pues su hijo menor, Tomás, nació delicado de salud y requirió de atención de cuidados intensivos, lo cual puso en un importante aprieto económico a la familia.

 

Pero el ingenio salió a la luz de la mano de la tradicional torta negra navideña, con lo cual la familia Berti Arcay salió airosa de la situación. Tras realizar “entre cinco y seis mil tortas” las cuentas cambiaron de color y hasta se regalaron un viaje a París, donde Anabella no solo se libró del estrés, sino que compró sus primeros dos moldes de chocolate. La ruta estaba marcada.

 

De ahí en adelante la inspiración comenzó a copar el espacio y sus degustaciones a pasearse entre eventos de diferentes índoles. Lo que comenzó como una mesa de dulces para el matrimonio de un familiar, o un sabroso detalle en un acto de graduación, se ha convertido en una dulce tradición.

 

La pasión por los bombones comenzó gracias a una amiga.

 

“Mi primer evento fue el matrimonio de una sobrina. La llamé, le pregunté si ya tenía la mesa de dulces dispuesta y me dijo que sí. Igual le ofrecí unos chocolates para que los probara y me dijera que le parecían. Ese fue mi primera mesa, un 5 de mayo hace 10 años. Comencé a hacer los chocolates dos semanas antes, me sentía muy envalentonada, pero a medida que pasaban los días me dio un gran susto”, admite entre risas.

 

Confiesa que el comienzo no fue sencillo, fue muy “de boca en boca”. Hoy cuenta con una mayor clientela, que hacen pedidos para eventos especiales. Anabella nunca ha querido vender sus bombones en tiendas particulares por celos a sus productos, ya que en las vidrieras pueden pasar días y los cambios de temperatura afectan el brillo, la textura y el sabor de los chocolates.

 

Ahí surge otra característica de la experta, el perfeccionismo. Reconoce que es “fastidiosísima” y que cada vez que sus bombones salen a una competencia o a un evento son horas de estrés, hasta que no le indican que llegaron al destino sin problemas. “Desde que salen de Maiquetía o llegan a la mesa donde estarán dispuestos no estoy tranquila, ruego porque la persona que los va a colocar lo haga con cuidado, no los dañe”.

 

Una invitación se convirtió en vida y en aroma, al extremo que entre las fragancias corporales preferidas de Arcay está la del chocolate, es una tentación que no se puede suprimir de sus poros, de su esencia. “Cuando paso mucho tiempo sin hacer los bombones me hace falta el aroma”, dice entre risas, mientras su hija agrega que creció en una casa que siempre ha olido a chocolate.

 

Ya ha obtenido 39 premios internacionales.

 

Hoy suman 60 sabores distintos de bombones y 39 premios internacionales, competencias a las que llegó por la invitación de una mujer que conoció en una feria internacional en Italia. Al principio sintió dudas de participar en los International Chocolate Awards, pero luego se dio ánimo y puso manos a la obra.  Su trabajo ha sido reconocido tanto en la sección americana como la mundial, desde el 2011.

 

Afirma que la primera vez que ganó no dejó de saltar y subir escaleras por unos minutos, no se lo podía creer. Hoy la competencia le genera menos susto, pero no menos estrés. Este año los bombones Coco Rum, Romero Salé, Lemon Basil, Praliné D’ Orange, Passion Spread y Tamarind Spread fueron reconocidos en distintas categorías.

 

En 10 años, desde su primer evento, ya suman casi 40 reconocimientos internacionales, que la hacen sentir plenamente orgullosa, no solo de su trabajo, sino del gentilicio venezolano. Anabella reconoce que la situación del país durante los últimos años no ha sido fácil e incluso la ha obligado a cambiar sus recetas, en vista de la escasez de ciertos productos en el mercado nacional, pero también ha hecho que aflore lo mejor del venezolano.

 

“A pesar de todo por lo que está pasando en Venezuela, hemos dejamos el país arriba, con cosas buenas, eso deja mucha satisfacción. Me encanta cuando ganamos en pruebas de karate, salto. Los venezolanos sí podemos llegar lejos, sí podemos, por qué no, claro que podemos mantener el norte de lo que estamos haciendo”, afirma la emprendedora nata, quien asegura: “El venezolano se crece en las crisis”.

 

Hoy ella emprende la internacionalización de su producto, sin dejar de atender desde su casa, en el este de Caracas.

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1Comentarios

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Pedro Reyes 04/10/2017 09:24 AM

Nunca dudé que el venezolano al verse libre de distracciones, no camina. VUELA!.... FANTASTICO!... No es conmigo y ya! siendo una satisfacción (ajena) que no existe dinero que la pueda comprar.


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