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Experiencia Panorama
09:59 AM / 04/10/2018
Giovanni Espósito: "El periodista no puede perder el entusiasmo”
Ángel Mendoza Zabala

 Casi 30 años atrás, Giovanni Espósito cubría su primera pauta como corresponsal de Venevisión en Maracaibo. Consejo de Ministros en la sede de PANORAMA, por los 75 años del periódico. Era el 1 de diciembre de 1989. 
Esa fecha la lleva en su memoria sin dudar. También las luctuosas del 5 de marzo y el 5 de abril de 1991, cuando dos tragedias enlutaron a los zulianos: cayó un autobús de Expresos Maracaibo del Puente sobre el Lago y se estrelló el  DC-932 de Aeropostal en el Páramo de Los Torres, en Trujillo. 
“Tener las fechas en la memoria es clave para un periodista. Esos acontecimientos son tan importantes en la vida de un reportero como recordar su aniversario de bodas. Esta última la recuerdas por todo lo que implica. La pasión por la noticia hace que recuerdes todo”, señala quien hoy dirige su propio espacio en la televisión —Espositivo, ya con 20 años al aire— y quien continúa, en distintos espacios, como asesor comunicacional pero siempre como reportero. Así se siente. 
“Fue de lo que me enamoré, viendo la televisión en Acarigua. De allá me vine a estudiar a Maracaibo, pero siempre tuve claro que iba a ser periodista”, sostiene. 
Claro que, dice convencido, ya no se dan clases de periodismo en las universidades. “Estamos formando comunicadores sociales, gente que simpatiza, por ejemplo, con las redes. Pero no estamos formando periodistas. La academia se ha alejado de los medios y tienen que volver a establecer cercanías. Antes me invitaban, casi todos los meses, a dar charlas, foros, a formar a las nuevas generaciones. Pero ahora no pasa así. Los mejores deben formar a las nuevas generaciones”, explica.
A Giovanni le asombra que haya, en buena parte de los pasantes que llegan a los medios de comunicación “una terrible apatía”. No está lejos de la realidad. “Están desinformados, llegan a las 8:00 am ¡cómo si vinieran tan cansados!, desgastados, desanimados. No saben cuál es la noticia, de qué está hablando la gente”, añade. 
A las nuevas generaciones —en general, aunque hay excepciones— “No les gusta el periodismo sino el encanto de la comunicación. El periodismo ha quedado atrapado en el pénsum de la comunicación pero no es el centro, la raíz. Eso nos ha creado un terrible daño”, considera. “No es una generalidad pero estamos formando comunicadores y no periodistas”, afirma.
Pero, no es solo culpa de los nuevos rostros que quieren sumergirse en la delicada ciencia de informar. “Hay que revisar lo que estamos haciendo los periodistas para inspirar a las nuevas generaciones”, sentencia, casi mirándose al espejo público de saber que su rostro y su trabajo son reconocidos.  
Espósito, cómo no, participa de las redes sociales pero cree que debe haber “mayor control del Estado. Muchas redes no tienen la credibilidad que tiene un medio. Lo más crítico es que hay periodistas que son capaces de difundir noticias no contrastadas, y generar reacciones impredecibles en las redes. Esto es una ciencia social, basada en la observación. Pero un periodista ¡jamás! puede jugar a crear el caos”.
 No está ajeno del permanente silencio de las fuentes oficiales en Venezuela. “A ningún gobierno le conviene no informar. Al contrario. Una posición oficial a tiempo, sobre cualquier tema evita, precisamente, el caos. Los gobiernos deben informar oportunamente y los medios, informar sin distorsionar”.
 A Espósito le preocupa el cierre de periódicos, afectados por falta de insumos —papel principalmente—, la televisión “invadida” y con una baja evidente en la producción. La radio está más cómoda. 
No obstante, en sus viajes al exterior ha observado cómo los medios continúan avanzando. “Hay mucha vocación y mucha entrega  por los noticieros. Se apoyan en la tecnología”. 
 Albañil de años y años, de su propio nombre, aporta datos a quienes comienzan en este ‘ramo’. “Para construir un crédito el periodista debe entender qué forma tiene lo que hace, cómo aporta a la sociedad y qué conexión ha logrado en la gente. El nombre de un periodista es una empresa, así como los medios donde labora. Cuando tú tienes vocación y sabes lo que haces y para  qué lo haces, logras que lo que haces sirva”. 
Apunta: “Yo he llevado la filosofía japonesa: sin prisa pero sin pausa. Entendí que un comunicador que no sea astuto no tiene éxito”. 
Espósito está claro en algo: el tiempo en el periodismo, como en todo, es oro. Pero ese tiempo se expresa en el aprovechamiento de cada instante durante la cobertura de una noticia en la calle, como en el que se aprovecha en una sala de redacción o en una oficina de prensa. Lo decía el español Miguel Ángel Bastenier: “El periodista que no tiene prisa es porque es   alma de bibliotecario”. 
“Quien va a estudiar periodismo 
—interviene Espósito—  debe ser activo en los cinco sentidos. Ver, oír, oler, tocar, probar. Hay que ser observador, muy observador, y muy acucioso”, comenta.
 No deja de sorprenderle la  pérdida progresiva del sentido del ‘tubazo’: “¡Dígame lo de los grupos! ¡Se perdió la conciencia de la sana competencia y el tubazo! Ahora los reporteros andan todos juntos: van juntos a las pautas, se esperan, se acompañan. Entiendo que seamos amigos, lo somos y lo sostengo y defiendo. Pero en el momento del trabajo defiendo, con uñas y dientes mi insumo”.
Así también pelea por mantener el reconocimiento a lo que considera son sus méritos: “Cuando yo comencé en Venevisión se enviaba una nota al día a los noticieros regionales. Poco a poco eso fue mejorando, porque comenzamos —los reporteros de provincia— a enviar material de calidad. Lo que se logró fue entender, a nivel nacional, que los periodistas que estábamos en las regiones también hacíamos periodismo de calidad. Y por eso se fue cambiando la correlación”. 
 Aboga por el fin de las fotocopias en radio y televisión. “Creo que debe haber un rescate del periodismo en televisión y radio. En esas, que han sido siempre mis áreas, estamos muy cómodos. Si fuese reportero estuviese muy aburrido. Un noticiero es muy parecido al otro, no ves trabajos ingeniosos, especiales, nada novedoso”. 
Aplicando una suerte de quid pro quo (uno por uno), Espósito se atreve a pontificar: “Si un periodista pide respeto por la libertad de expresión, es lo primero que tiene que dar. Todas las visiones forman parte de la sociedad. No he tomado la ruta del escándalo ni por cerrar la ventana a alguien. Hay quienes creen que la entrevista es la posibilidad de atacar a alguien, de ‘golpearlo’... La entrevista es la posibilidad de que alguien cuente su versión y visión sobre algo”. 
Más que pedir, ruega porque vuelva la emoción. “El periodista debe ponerle la misma emoción a cualquier noticia. El mismo entusiasmo. Cómo si fuera el primer día, el primer trabajo... Solo así estaremos entregando calidad a quienes ven nuestro trabajo”, sostiene moviéndose (para las fotos) de un set a otro, tan cómodo como pez en el agua. 

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