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Actualizado hace 26 minutos

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Experiencia Panorama
04:13 PM / 03/10/2017
Barberías a cielo abierto en Maracaibo
Otto Rojas
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María Salas

 Un brocal en la avenida Libertador sirve de barbería. Esta es solo una de muchas. Allí, en un espacio menor a cuatro metros cuadrados,  se hacen todo tipo de cortes; desde el más clásico con navaja,   hasta el degradado con hojilla.El ruido de la máquina de afeitar es opacado por el bullicio típico del centro de Maracaibo. Cornetas sonando,  motores  “roncando” en la carretera, gente que va y viene de un lado a otro de prisa secándose el sudor. El humo  de los carros se concentra, mientras el cabello va cayendo poco a  poco al pavimento.  “Córtatelo coco raspao”, le grita un vendedor de guarapo de panela con limón al cliente de turno. 

“El Jhonky” tiene su negocio es una esquina al filo de una cañada en la entrada del sector La Gloria.

“El gato” tiene una cola de tres hombres; todos esperan su turno parados buscando la sombrita en un viejo paraguas de una vendedora de tequeños que está justamente al lado de la barbería de calle.  El barbero de 21 años tiene su clientela fija que se “pela” una vez al mes en “La Libertador”, la mayoría lo busca por la “buena mano” que tiene.  En un día flojo atiende en promedio a cinco personas y en uno bueno fácilmente a 15. “Los sábados no paro, siempre estoy full”, dice.

El merengue  rapeado de un dominicano suena a todo volumen en el reproductor de pent drive que tiene “El gato” sobre un taburete de madera pulido. La música lo hace olvidar por un momento que está en el centro. Suena Eddy Herrera mientras le va dando forma con una hojilla a la barba de  su cliente.  El secador,  las tijeras, maquinas, peines, gelatina y talco están guindados  con ganchos de ropa al lado de un enorme espejo. “Si los pongo en el piso se los pueden robar, cualquiera que pase lo agarra y sale corriendo”, comenta.

Los cortes son solidarios.  Tres mil bolívares es el precio del más económico, que es “solo máquina y tijeras”. El más caro vale “cinco bolos”; incluye  degradado con navaja  y “figuras” en la cabeza.  Trabaja todos los días a partir de las 8:00 de la mañana y a las 4:00 de la tarde ya está recogiendo sus instrumentos de trabajo para irse  a casa.

“El gato” corta cabello desde los 12 años. Nadie le enseñó, aprendió empíricamente ensayando y probando con sus familiares. “Mi madre nos llevaba para que un señor que nos dejaba muy feo, entonces un primo y yo comenzamos cortándonos nosotros”.  Asegura que el barbero no se hace, sino que nace. “He trabajado haciendo de todo, fui latonero, mecánico y soldador. A pesar de  que he  ganado más dinero haciendo otros oficios, la barbería es lo que me llena”, asegura. 

“Me buscan mucho por las figuras que hago y porque también siempre pulo el corte. Siempre complazco al cliente y lo dejo como ellos quieran verse”, comenta.

A 20 metros, en medio de los buhoneros que se pelean la acera y los “daleros” que buscan buenas propinas de los dueños del estacionamiento, tiene su puesto Víctor Bocaranda, un barbero de 70 años, con cinco décadas encima dedicadas a este oficio.

Víctor es más tradicional. En su pequeño espacio ubicado en pleno paso peatonal de las personas que van a comprar alguna bisutería en “La Redoma” tiene su silla de barbero desgastada que en otrora subía y bajaba.

Todos los cortes los tiene en tres mil bolívares, un precio que resultala cuarta parte del valor del servicio en otro local. A cada cliente le coloca un delantal y luego de terminar, sacude  el resto de los cabellos con una brocha y un poco de talco.

El hombre atiende a niños, jóvenes, hombres y mujeres, pero asegura que aunque tiene experiencia en cortes para chicas, ellas casi no acuden a su silla. “Las mujeres poco llegan a cortarse el cabello. Pienso que les da pena porque es a cielo abierto y son vistas por todo aquel que camina por la calle”,  expresa mientras arregla las tijeras.

A pesar de  que la barbería está bajo el sol, tener ese “punto” en la avenida Libertador tiene su precio. El hombre paga por el derecho a trabajar allí 15 mil bolívares semanales más 3.500 al carretillero que le guarda la silla y el espejo en un deposito y otros 2.000  bolívares a la semana  por la electricidad que utiliza.  

Basta una enorme pancarta reciclada, un banco plástico azul y los instrumentos de trabajo, tijeras, peine y una antigua afeitadora manual, para conformar la  barbería a aire libre de Víctor. En una pared, un pequeño espejo permite al cliente revisar el resultado final.

La barbería popular de Víctor, que recibe  a unos cinco clientes al día, abre a las 9:00 de la mañana  y cierra a golpe de las 5:00 de la tarde, porque “el centro está muy peligroso”.

Los peatones que caminan con sus bolsas llenas de verduras   se animan a cortarse cuando ven  al barbero trabajar con esmero y pasión.

Mientras atiende a sus clientes, Víctor echa la ‘conversaíta’. Da consejos y confiesa que trabaja en el centro desde hace seis meses por pura necesidad. “Antes me ganaba la vida como taxista. Pero el carro se me dañó y los respuestos están tan caros que nunca pude repararlo y cuando finalmente podía reunir lo que costaba arreglarlo me salía más costoso porque todo había aumentado”, contó.

Cortar cabello a la intemperie no es fácil. Tiene sus complejos y sacrificios, pero con ese trabajo Víctor lleva el “pan para su mesa”. “A los barberos de mi edad ya no le dan trabajo,  por eso me ví obligado a tener mi propio puesto en el centro”. Entre las dificultades del trabajo está en tener que lidiar con las personas que lo tropiezan cuando pasan rápido por el brocal o soportar el reflejo de la luz en el vidrio de los carros que estacionan justo al borde de su barbería. “Nunca te vas a acostumbrar a trabajar al aire libre, pero con el tiempo lo puedes hacer más llevadero.”, expresa.

 Jaime González, un chofer de carrito por puesto, revisa su corte y paga gustoso el servicio. “Vengo desde hace dos años, más que todo porque es corte con pura tijera. Y me siento a gusto, es un señor que atiende muy bien”, dice. En el centro están  los emprendedores que no necesitan alquilar un local para poner su negocio. En “La Libertador” hay más de cinco barberos que montaron su local improvisado. 

Las barberías solidarias se han expandido, no solo están en el centro de la cuidad. En la circunvalación tres “ El Jhonky” tiene su negocio es una esquina al filo de una cañada en la entrada del sector La Gloria.
 
Todos los cortes los hace en tres mil bolívares deja bien claro que no fia, frase que escribió con un marcador negro en el espejo.

Gustavo Gómez, un hombre de 44 años,  colocó un plástico por encima por si llueve, un espejo en la pared y listo, hizo de los tres metros cuadrados una barbería. “La competencia es fuerte, porque cada vez hay más barberos que buscan tener su espacio”.

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2Comentarios

1

lenin perez 05/10/2017 11:22 AM

excelente noticia pero m hago 1 pregunta a kien o donde pagan ese dinero osea los 15mil semanales


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Pedro Reyes 03/10/2017 04:42 PM

Muy interesante.


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